La industria automotriz nacional empezará a pagar retenciones a las exportaciones que antes no pagaba
El régimen de incentivo sobre las exportaciones incrementales no se renovó como en años anteriores. Las automotrices hablan de perjuicio a la competitividad y riesgo de perder mercados
En una medida tan insólita como perjudicial para la industria nacional, el Gobierno decidió no renovar el régimen de exención de retenciones a las exportaciones incrementales del sector automotriz. A partir de julio, las terminales comenzarán a pagar derechos de exportación por los vehículos que superen el umbral establecido, afectando directamente a las empresas que más producen y más dólares generan para el país.
Desde 2021, se había implementado un esquema que liberaba del pago de retenciones a las exportaciones que superaran las 137.000 unidades anuales, con el objetivo de incentivar la producción nacional y fortalecer el ingreso de divisas. Este incentivo clave, que cada año se renovaba hacia mayo, quedó este 2025 en un limbo: el tope se alcanzó, pero la prórroga nunca llegó.
Una medida contra el que más produce
En lugar de premiar a quienes más exportan y generan empleo, esta decisión castiga precisamente a las automotrices más competitivas. “No sólo es un pésimo impuesto, sino un pésimo mensaje”, denuncian desde una terminal. El sistema, además, penaliza a quienes integran más componentes nacionales en sus vehículos, encareciendo aún más su producto final en los mercados externos. “Una locura que no se entiende”, lamentan en el sector.
Las retenciones, con una alícuota nominal del 4,5%, afectan desigualmente según el nivel de integración nacional de los vehículos. Aquellos con mayor contenido local terminan pagando más. En promedio, la carga efectiva ronda el 2,5%, pero puede llegar al 3,1% en los modelos con mayor producción nacional.
Riesgo real de perder mercados
Solo en mayo se exportaron más de 26.000 vehículos, y en lo que va del año ya se superaron las 130.000 unidades. Con el ritmo actual, el umbral de las 137.000 será sobrepasado justo al comenzar julio, obligando a las empresas a pagar retenciones por cada unidad adicional. “Esto nos pone en desventaja frente a competidores de otros países y amenaza nuestra posición en mercados clave. Recuperar un cliente perdido puede llevar años, si es que se recupera”, advierten desde una automotriz, recordando el caso de Ford y la Ranger en México.
Retroceso en plena crisis
Lo más preocupante es que esta medida contradice los esfuerzos recientes por mejorar la competitividad del sector exportador, en un contexto de estancamiento del mercado interno y necesidad de divisas. “Estuvimos trabajando con el Gobierno para bajar impuestos distorsivos. Esto es un paso atrás que tira por la borda todo lo avanzado”, afirman con frustración.
Lejos de promover la producción nacional y el agregado de valor, la falta de renovación del incentivo envía un mensaje desalentador: es más rentable importar componentes que desarrollarlos en el país. Y peor aún, se penaliza precisamente a las automotrices que más invierten, más integran proveedores locales y más exportan.
En un momento en el que la economía argentina necesita crecer y exportar más, el Gobierno da un golpe inesperado a una de las pocas industrias que aún genera empleo, tecnología y dólares genuinos. La falta de continuidad en una política que funcionaba no solo genera incertidumbre, sino que mina la competitividad de la industria automotriz nacional y pone en juego su presencia en el mundo.













