El modelo de mano dura de Daniel Noboa no resuelve las causas de la crisis ecuatoriana. Con una reelecciÃģn en juego, el mandatario y candidato se alinea con figuras como el presidente estadounidense, mientras la injerencia externa se potencia.
Ecuador vive horas decisivas. Enfrentado a una espiral de violencia sin precedentes, un aparato estatal debilitado y una creciente desigualdad social, el paÃs se encamina hacia el balotaje del domingo 13 de abril, donde se enfrentarÃĄn el presidente Daniel Noboa y la candidata de la RevoluciÃģn Ciudadana, Luisa GonzÃĄlez. Pero la elecciÃģn no es solo un asunto interno: por la ubicaciÃģn estratÃĐgica del paÃs y su valor militar y econÃģmico, tambiÃĐn estÃĄ en juego el tablero geopolÃtico regional.
Desde que asumiÃģ el poder, Daniel Noboa ha optado por una estrategia de mano dura para enfrentar la violencia y el crimen organizado. Ha declarado âconflicto armado internoâ, desplegado a los militares en las calles y mantenido estados de excepciÃģn recurrentes. Pero mientras fortalece el brazo represivo del Estado, la pobreza, el desempleo y la precariedad siguen sin respuestas estructurales.
La represiÃģn, sin polÃticas sociales y econÃģmicas profundas, no alcanza. La historia latinoamericana enseÃąa que la seguridad no se impone: se construye desde la inclusiÃģn, el trabajo, la educaciÃģn y el bienestar. En Ecuador, la militarizaciÃģn avanza, mientras el Estado retrocede y se debilita.
En paralelo, el presidente Noboa, empresario educado en EE.UU. y heredero de una de las mayores fortunas del paÃs, ha privilegiado su imagen internacional. Su reciente encuentro con Donald Trump en Mar-a-Lago fue un gesto que buscÃģ reforzar su legitimidad entre sectores conservadores, aunque resultÃģ mÃĄs simbÃģlico que efectivo. Para muchos, fue una forma de alinearse con el nuevo eje de poder republicano en Washington, que ve en Ecuador un enclave clave para sus intereses.
EstÃĄ elecciÃģn presidencial es la primera en AmÃĐrica del Sur desde el regreso de Trump a la Casa Blanca. Para el nuevo secretario de Estado, Marco Rubio âconocido por su rol en operaciones encubiertas en la regiÃģnâ, Ecuador es la primera prueba de fuego de su âcruzada antizquierdistaâ. No se trata solo de impedir el retorno del correÃsmo al poder, sino de asegurar que la infraestructura militar de EE.UU. en Ecuador âcomo la presencia en GalÃĄpagos o la eventual reapertura de la base de Mantaâ no se vea amenazada.
En ese marco, la posibilidad de un fraude no puede ser descartada. Noboa llega debilitado al balotaje tras un empate tÃĐcnico en la primera vuelta. Su rival, GonzÃĄlez, ha sumado el respaldo del movimiento indÃgena y campesino liderado por LeÃģnidas Iza, que obtuvo el 5% de los votos. El bloque de poder que respalda a Noboa âque incluye al sionismo israelÃ, sectores del poder econÃģmico y la embajada estadounidenseâ ve en GonzÃĄlez un riesgo para sus intereses.
Los antecedentes no son alentadores. En 2021, cuando el candidato del correÃsmo AndrÃĐs Arauz ganÃģ la primera vuelta, el entonces gobierno colombiano, la OrganizaciÃģn de Estados Americanos (OEA) y la inteligencia estadounidense montaron una operaciÃģn para vincularlo falsamente con el EjÃĐrcito de LiberaciÃģn Nacional (ELN), valiÃĐndose de archivos presuntamente encontrados en una computadora de un comandante insurgente abatido. Cinco dÃas despuÃĐs de la elecciÃģn, el fiscal colombiano llegÃģ a Quito para entregar la supuesta âpruebaâ a su par ecuatoriana. El escÃĄndalo, amplificado por los medios, afectÃģ la candidatura de Arauz y facilitÃģ el triunfo del banquero Guillermo Lasso.
Hoy, los mismos actores parecen estar en juego. La militarizaciÃģn de las Islas GalÃĄpagos, la cesiÃģn de soberanÃa territorial para operaciones del Comando Sur, y el alineamiento con Trump, son parte de una estrategia que apunta a blindar a Ecuador como puesto avanzado de la proyecciÃģn militar estadounidense en el PacÃfico, en plena disputa con China y su nuevo megapuerto en Chancay, PerÚ.
Mientras tanto, Noboa insiste en mostrarse como un lÃder fuerte, pero su polÃtica de seguridad se tambalea por la falta de legitimidad social y por su desconexiÃģn con las realidades del pueblo ecuatoriano. La represiÃģn no puede ocultar el vacÃo polÃtico ni la ausencia de un proyecto de paÃs. Su prioridad no parece ser la soluciÃģn de los problemas estructurales, sino la preservaciÃģn del poder a cualquier costo.
En este escenario, el balotaje del 13 de abril serÃĄ mucho mÃĄs que una elecciÃģn presidencial: serÃĄ una disputa entre soberanÃa y dependencia, entre democracia y manipulaciÃģn, entre justicia social y dominaciÃģn imperial.