El Gobierno de Milei propone dejar de lado el reclamo por Malvinas a cambio de ser “socio de la OTAN”
Según recientes revelaciones de la revista británica The Economist, el gobierno de Javier Milei mantiene conversaciones militares reservadas con el Reino Unido que podrían implicar un abrupto cambio de enfoque histórico respecto al reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas debilitando la posición argentina.
De acuerdo al semanario británico, el Ejecutivo argentino estaría explorando un entendimiento con Londres que destrabaría el embargo británico a la venta de armamento y abriría la puerta a una alianza más estrecha con la OTAN, a cambio de moderar —o incluso desactivar— su posición sobre las islas.
El artículo describe un “diálogo militar secreto” entre ambos países, con el objetivo de forjar un nuevo acuerdo estratégico en el Atlántico Sur, visto como clave tanto para los intereses de Estados Unidos como para contrarrestar la influencia creciente de China y Rusia en la región.
Entre los principales incentivos que motivan a Buenos Aires está el acceso a armas de segunda mano de Estados Unidos y sus aliados, hoy sujetas al veto británico impuesto tras la guerra de 1982. Este embargo limita la capacidad de Argentina para adquirir equipamiento militar moderno, dado que muchos sistemas occidentales contienen componentes de origen británico.
La presión de Washington sobre Londres también es un factor central. Estados Unidos busca que Argentina se mantenga alineada con los estándares militares de la OTAN y teme que, sin acceso a equipamiento occidental, el país pueda volcarse hacia proveedores como China ,Rusia o peor aun desarrolle sus propios sistemas de armas y colabore con países de los BRICS. En este sentido, la reciente compra de aviones de segunda mano F-16 a Dinamarca —sin componentes británicos— es una muestra de cómo el gobierno de Milei ha logrado sortear parcialmente esas restricciones. En este sentido no son pocos los que confiesan que el hecho de que el “rearme argentino” como algunos voceros oficialistas lo han dado a llamar, este auspiciado por los Estados Unidos, es la mayor garantía de seguridad que tiene el Reino Unido de Gran Bretaña. Confirmado este punto de vista, recientemente un medio británico especializado “UK Defense Jornal” en temas de defensa destaco en un articulo lo siguiente:
“Además de los problemas financieros, Argentina enfrenta importantes limitaciones diplomáticas. Dado que los F-16 son de fabricación estadounidense, cualquier uso significativo de los aviones requeriría la aprobación de Estados Unidos, especialmente para el mantenimiento y las piezas. Esta dependencia hace muy poco probable que Argentina pueda desplegarlos contra las fuerzas británicas sin enfrentar mayores obstáculos”.

El informe de The Economist también detalla cómo el Ministerio de Defensa argentino, liderado por Luis Petri, impulsa la integración del país como “socio global” de la OTAN, una categoría superior al actual estatus de “aliado extra OTAN” obtenida por Argentina en los 90s al calor de las relaciones carnales del menemismo. Al mismo tiempo, Argentina se ha incorporado a iniciativas como la Fuerza Marítima Combinada en Medio Oriente y ha intensificado su participación en ejercicios militares internacionales, incluso con fuerzas británicas.

Sin embargo, el acercamiento no está exento de tensiones internas. Mientras Defensa impulsa el diálogo con Londres, la Cancillería argentina mantiene reservas, consciente de la carga simbólica y política que tiene el reclamo por la soberanía de las islas.
El gobierno británico, por su parte, sigue firme en mantener el embargo militar, aunque reconoce “una apertura para un nuevo acuerdo estratégico en el Atlántico Sur”, potenciado por la postura atípica de Milei respecto a Malvinas y su genuflexa subordinación a Washington.
En este contexto, un informe del Center for Maritime Strategy en EE.UU. advirtió que la región podría convertirse en un nuevo foco de tensiones geopolíticas. El documento incluso plantea la posibilidad de establecer una base permanente de buques de guerra estadounidenses en las Islas Malvinas, en caso de conflicto global o de una nueva escalada en el Atlántico Sur.

La hipótesis de una renuncia implícita o progresiva al reclamo de soberanía por parte del gobierno argentino ha generado preocupación, especialmente considerando que China y Rusia —rivales estratégicos de Washington— continúan respaldando abiertamente la posición histórica de Argentina sobre las islas.
Con un Milei funcional a los intereses geoestratégicos de EE.UU. y el Reino Unido, la soberanía sobre Malvinas parece estar siendo relegada en favor de beneficios materiales e inserción internacional, un giro que podría marcar un antes y un después en la política exterior argentina.











