Patagonia bajo fuego y desregulaciÃģn: alertan por un retroceso en el control territorial
Mientras brigadistas enfrentan incendios con recursos escasos en el sur del paÃs, organizaciones sociales y ambientales advierten que el recorte estatal y la ofensiva legislativa del Gobierno nacional abren la puerta a la especulaciÃģn sobre tierras, bosques y agua.
Los incendios que se expanden en distintas zonas de la Patagonia volvieron a poner en primer plano algo mÃĄs que la emergencia ambiental. En Chubut, RÃo Negro y NeuquÃĐn, el fuego avanza en un contexto marcado por el ajuste presupuestario, el debilitamiento de polÃticas pÚblicas y una agenda legislativa que, segÚn denuncian organizaciones sociales, amenaza la soberanÃa sobre recursos estratÃĐgicos.
Aunque la Justicia investiga posibles focos intencionales y no hay imputaciones confirmadas, el eje de las crÃticas no pasa solo por el origen de las llamas sino por el escenario polÃtico que las rodea. Brigadistas y autoridades locales trabajan con medios limitados, mientras desde la Casa Rosada se impulsa un esquema de reducciÃģn del Estado que impacta de lleno en la prevenciÃģn y el control de incendios.
Asambleas ambientales, sindicatos y organizaciones territoriales sostienen que el fuego se inscribe en una matriz conocida: desprotecciÃģn estatal, tierras degradadas y posterior avance de intereses privados. En ese marco, advierten que varias leyes clave quedaron bajo presiÃģn o directamente vaciadas de contenido.
La Ley de Bosques Nativos es uno de los ejemplos mÃĄs citados. El fondo destinado a compensar a las provincias por tareas de conservaciÃģn y control viene siendo subejecutado desde hace aÃąos, una situaciÃģn que se profundizÃģ con el actual Gobierno. Sin recursos, alertan, la prevenciÃģn se vuelve testimonial y el territorio queda librado a su suerte.
TambiÃĐn genera alarma el debate en torno a la Ley de Manejo del Fuego. Proyectos que buscan flexibilizar la prohibiciÃģn de vender o cambiar el uso de suelos incendiados son leÃdos por las organizaciones como una seÃąal peligrosa: el incendio pasarÃa de tragedia a oportunidad de negocio.
La Ley de Glaciares y la de Tierras Rurales completan el cuadro. En el primer caso, se denuncia el intento de recortar ÃĄreas protegidas para habilitar emprendimientos extractivos, principalmente mineros. En el segundo, el cuestionamiento apunta al virtual congelamiento del registro que deberÃa controlar la compra de tierras por parte de capitales extranjeros, lo que facilita operaciones opacas y la concentraciÃģn de grandes extensiones.
Desde la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) y movimientos socioambientales describen un patrÃģn repetido en la regiÃģn: incendios en zonas de alto valor ecolÃģgico, caÃda del precio de la tierra y posterior adquisiciÃģn por grupos econÃģmicos para desarrollos inmobiliarios, turÃsticos o extractivos. Un esquema que se repite, aseguran, allà donde el Estado se retira.
En ese contexto, tambiÃĐn circularon versiones sin respaldo judicial sobre la presencia de extranjeros en ÃĄreas afectadas antes de algunos incendios. Especialistas advierten que ese tipo de denuncias, sin pruebas, desvÃan la atenciÃģn del problema central: la extranjerizaciÃģn de la tierra y la falta de control pÚblico, fenÃģmenos ampliamente documentados.
El caso de Lago Escondido aparece como antecedente inevitable. La apropiaciÃģn de tierras estratÃĐgicas y el control privado del acceso al agua expusieron, una vez mÃĄs, las dificultades del Estado para hacer cumplir la ley incluso cuando existen fallos judiciales firmes.
Para las organizaciones, el nÚcleo del conflicto es el agua. En una regiÃģn donde nacen rÃos y se concentran reservas hÃdricas clave, la combinaciÃģn de megaminerÃa, negocios inmobiliarios y ajuste estatal configura un escenario de alto riesgo.
Mientras el fuego sigue activo y las investigaciones avanzan lentamente, las preguntas se acumulan: por quÃĐ no funcionan los organismos de control, quiÃĐnes impulsan los cambios legales y, sobre todo, quiÃĐn gana cuando la Patagonia se quema. Para los sectores crÃticos, la respuesta apunta menos al azar y mÃĄs a un modelo de paÃs que, bajo el discurso de la libertad de mercado, vuelve a poner en venta el territorio.














