Encuestas encienden luces rojas en el Gobierno: el 57,4% cree que la economía está empeorando

Los últimos relevamientos de opinión pública comienzan a encender señales de alarma en el gobierno de Javier Milei. Distintas encuestadoras coinciden en mostrar un deterioro de la percepción económica, con una mayoría de argentinos que afirma que la situación empeora, dificultades para llegar a fin de mes y crecientes cuestionamientos a la gestión libertaria.

Según el último estudio de Giacobbe & Asociados, el 57,4% de los consultados considera que la economía está empeorando. El dato más preocupante para la Casa Rosada es que el 54,7% asegura que ese deterioro lo está sufriendo personalmente. En contraste, apenas el 34,2% percibe una mejora económica, una diferencia de 23,2 puntos porcentuales a favor de la mirada negativa. El relevamiento se realizó entre el 30 de septiembre y el 5 de octubre, sobre 2.500 casos

El resultado refleja una dificultad central para el oficialismo: la promesa de recuperación económica no logra traducirse en una mejora palpable para una amplia mayoría de la población. Mientras el Gobierno insiste en defender su programa de ajuste y exhibir indicadores favorables, una parte importante de la sociedad sigue percibiendo que su situación cotidiana se deteriora.

Más encuestas, más señales de alarma

La tendencia se repite en otros relevamientos. La encuesta de la Universidad de San Andrés (UdeSA) registró una caída de cuatro puntos en la aprobación de la gestión económica, que quedó en apenas 28%. Además, el 56% considera que la situación económica empeoró respecto del año anterior, mientras que solo el 18% observa una mejora.

Los problemas de la economía cotidiana también aparecen en los ingresos familiares: el 54% afirma que el dinero no le alcanza para cubrir sus gastos. De ese grupo, el 35% debe recortar consumos y el 19% recurre al endeudamiento. Apenas el 20% de los encuestados declara tener capacidad de ahorro.

La encuesta de AtlasIntel y Bloomberg refuerza el diagnóstico: el 71% evalúa negativamente la situación económica argentina y el 75% considera que el mercado laboral atraviesa una situación mala. A su vez, el 60% tiene una percepción desfavorable de la economía de su propia familia y el 55% cree que la situación nacional empeorará durante los próximos seis meses.

El panorama plantea un desafío cada vez mayor para Milei y su equipo económico. El desempleo, los bajos salarios, la pérdida del poder adquisitivo y las dificultades para llegar a fin de mes aparecen entre las principales preocupaciones sociales, mientras las expectativas de una recuperación sostenida siguen sin consolidarse.

Los números empiezan a mostrar una brecha entre el relato oficial y la experiencia cotidiana de la población. La desaceleración de algunos indicadores no alcanza, por sí sola, para convencer a los argentinos de que la economía está mejorando si esa supuesta recuperación no se refleja en sus bolsillos, en el empleo ni en su capacidad de consumo.

Con distintos métodos y muestras, los relevamientos coinciden en un punto central: el malestar económico es mayoritario y comienza a convertirse en una señal política de alerta para la Casa Rosada. El desafío del Gobierno ya no pasa solamente por defender sus indicadores macroeconómicos, sino por demostrar que el ajuste puede traducirse en una mejora concreta de las condiciones de vida.

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Malvinas: guiño de Trump a Gran Bretaña, pidió disolver el comité de descolonización, órgano clave del reclamo argentino

Un nuevo revés diplomático para la Argentina: Estados Unidos pidió poner fin al mandato del organismo de Naciones Unidas ante el cual nuestro país sostiene cada año su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. La iniciativa de la administración de Donald Trump genera preocupación por sus posibles consecuencias para la estrategia diplomática argentina, en un contexto de estrecho alineamiento del gobierno de Javier Milei con Washington.

La disputa por la soberanía de las Islas Malvinas sumó un nuevo capítulo de tensión internacional. El Gobierno de Donald Trump cuestionó el funcionamiento del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C-24) y reclamó poner fin a su mandato, una postura que afecta potencialmente a uno de los principales espacios multilaterales utilizados por la Argentina para sostener sus derechos sobre el archipiélago.

El planteo estadounidense se realizó el 15 de octubre, durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU. Washington argumentó que el organismo perdió su propósito original y cuestionó que continúe examinando año tras año situaciones coloniales que, a su juicio, no registran avances suficientes.

Aunque la representante estadounidense no mencionó específicamente a Malvinas, el pedido tiene implicancias directas para la posición argentina: el C-24 aborda anualmente la disputa de soberanía y respalda el llamado a que Buenos Aires y Londres retomen las negociaciones, pendientes desde hace décadas.

Un golpe a un espacio clave para la soberanía argentina

El Comité de Descolonización constituye una plataforma diplomática relevante para la Argentina. En sus sesiones, el país denuncia la persistencia de una situación colonial y reclama que el Reino Unido se siente a negociar una solución pacífica a la controversia por la soberanía de las islas.

La resolución 2065 de la Asamblea General de la ONU, aprobada en 1965, reconoció la existencia de una disputa de soberanía e instó a ambos países a negociar, teniendo en cuenta los intereses de la población de las islas. Ese marco diplomático es uno de los pilares históricos del reclamo argentino.

La eventual desaparición del comité no implicaría automáticamente la pérdida de los derechos argentinos ni la eliminación de la resolución 2065, pero sí podría debilitar uno de los ámbitos institucionales en los que la Argentina mantiene activa su reivindicación.

El alineamiento con Trump, bajo la lupa

La posición de Washington plantea un interrogante para la política exterior de Milei. Mientras el Presidente presenta la relación con Estados Unidos como un eje central de su estrategia internacional, la administración Trump impulsa una iniciativa que podría afectar uno de los espacios multilaterales donde la Argentina defiende su reclamo soberano.

El episodio se produce, además, en medio de las tensiones por la explotación de hidrocarburos en aguas próximas a Malvinas y por el proyecto de ley argentino que busca establecer sanciones contra empresas que participen en actividades vinculadas con la explotación de recursos en las islas. Según informó El País, Washington manifestó preocupación por el alcance de esa iniciativa y por sus posibles efectos sobre compañías estadounidenses.

La coincidencia de ambos conflictos vuelve a poner sobre la mesa una cuestión estratégica: hasta qué punto el alineamiento con Washington puede convivir con una política exterior que priorice la defensa de los recursos naturales y los derechos soberanos argentinos en el Atlántico Sur.

Un reclamo histórico que trasciende a los gobiernos

La controversia por Malvinas no es una cuestión circunstancial ni partidaria. Se trata de una política de Estado respaldada por la Constitución Nacional y sostenida por sucesivos gobiernos argentinos, más allá de sus diferencias políticas.

Por eso, el pedido estadounidense abre un nuevo frente diplomático que exige evaluar sus consecuencias con cuidado. La iniciativa de Washington todavía no equivale a una disolución efectiva del organismo: para ello sería necesaria una decisión de la Asamblea General de la ONU.

El dato central es que Estados Unidos cuestionó un organismo que resulta importante para la estrategia diplomática argentina sobre Malvinas. En un escenario de creciente competencia por los recursos del Atlántico Sur, la respuesta de la diplomacia nacional será determinante para sostener el reclamo de soberanía y evitar que las prioridades de otras potencias condicionen los intereses argentinos.

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Indignante: Milei se burló de los argentinos que no llegan a fin de mes “¿cómo hacen para vivir sin comer?”

En medio de la crisis económica, la caída del poder adquisitivo y las dificultades de millones de familias para cubrir sus necesidades básicas, el Presidente descalificó a quienes advierten que sus ingresos no alcanzan hasta fin de mes. “¿Cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?”, ironizó ante empresarios del sector energético.

Javier Milei volvió a quedar en el centro de la polémica tras burlarse de la realidad que atraviesan miles de hogares argentinos. Durante su discurso en la Argentina Oil & Gas Expo Patagonia 2026, en Neuquén, el mandatario calificó como “una pelotudez del tamaño de una casa” la afirmación de que dos tercios de la población no llegan al día 20 con dinero suficiente para afrontar sus gastos.

Lejos de mostrar preocupación por las dificultades económicas de las familias, el Presidente recurrió a la ironía para desacreditar una problemática que afecta la alimentación, el pago de servicios y la capacidad de llegar a fin de mes sin endeudarse. “Si se quedan sin plata verdaderamente al día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?”, lanzó ante los empresarios presentes.

La pregunta presidencial ignora una realidad cotidiana: no llegar a fin de mes no significa dejar de existir ni pasar diez días sin ingerir alimentos, sino sobrevivir a costa de endeudarse, recortar gastos esenciales, postergar medicamentos, reducir el consumo de comida o depender de familiares y redes de asistencia.

Los números que contradicen el discurso presidencial

El cuestionamiento de Milei se produjo en un contexto de dificultades para sostener el consumo y afrontar los gastos básicos. Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix citado por distintos medios, el 65,3% de los encuestados agota sus ingresos a más tardar el día 20. La proporción asciende al 72% entre los menores de 40 años y al 83,3% en los sectores de menores ingresos, de acuerdo con los datos difundidos por Página/12.

A esto se suma el deterioro del consumo: las ventas minoristas de las pymes para el Día de la Madre registraron una nueva caída interanual, acumulando cinco retrocesos consecutivos para esa fecha. El endeudamiento familiar y las dificultades para cubrir los gastos cotidianos también aparecen entre las principales señales de tensión económica.

Frente a estos indicadores, el Presidente eligió atacar a quienes exponen las dificultades sociales y atribuir esas afirmaciones al kirchnerismo y a los medios de comunicación. También cargó contra sus adversarios con insultos y defendió el ajuste fiscal como parte de su programa económico.

Ajuste, pérdida de poder adquisitivo y descalificaciones

Mientras el Gobierno reivindica el equilibrio de las cuentas públicas y proyecta un futuro de crecimiento impulsado por las inversiones energéticas, millones de hogares enfrentan el desafío inmediato de pagar las cuentas, comprar alimentos y sostener sus ingresos hasta el próximo salario.

La contradicción entre las promesas oficiales y las dificultades que expresan las familias vuelve a instalar una discusión central: la estabilidad macroeconómica no garantiza, por sí sola, que los ingresos alcancen para cubrir las necesidades básicas.

En lugar de explicar cómo su política económica permitirá recomponer el poder adquisitivo y aliviar la situación de los hogares, Milei optó por ridiculizar la expresión “no llegar a fin de mes”. Una frase que puede discutirse en términos estadísticos, pero que describe una experiencia concreta para quienes deben recurrir al crédito, recortar consumos o postergar pagos para sobrevivir.

La pregunta no es cómo hacen los argentinos para pasar diez días sin comer, sino por qué tantos hogares deben endeudarse y ajustar hasta lo indispensable para llegar al próximo sueldo. Una realidad que no desaparece con insultos, ironías ni descalificaciones presidenciales.

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Caso reservas de oro: pidieron allanar el Banco Central e investigar comisiones millonarias al Deutsche Bank

La causa por el manejo de las reservas de oro suma nuevas sospechas y complica al Gobierno de Javier Milei. La Justicia recibió una ampliación de la denuncia contra Luis Caputo y Santiago Bausili, que apunta a posibles comisiones millonarias, operaciones que dejaron pérdidas por US$ 1.023 millones y la falta de transparencia sobre los contratos. Mientras tanto, el destino de parte del oro argentino trasladado al exterior en 2024 continúa sin una explicación pública clara.

El escándalo por las reservas de oro de la Argentina suma un nuevo capítulo. El abogado Gregorio Dalbón amplió la denuncia penal y pidió el allanamiento del Banco Central (BCRA) para secuestrar o realizar copias forenses de sus servidores, correos electrónicos y documentación vinculada con las operaciones financieras realizadas durante 2025. El objetivo es determinar quiénes autorizaron las transacciones, qué entidades participaron y si hubo comisiones u otros beneficios indebidos.

La presentación alcanza al ministro de Economía, Luis Caputo; al presidente del Banco Central, Santiago Bausili; al superintendente de Entidades Financieras, Juan Curutchet, y al funcionario Nicolás Ferro. Además, solicita que sean citados a declaración indagatoria, una medida que deberá resolver la Justicia.

Pérdidas millonarias para el país y sospechas sobre el Deutsche Bank

Uno de los puntos más delicados de la investigación es la posible participación del Deutsche Bank, entidad en la que Caputo y Bausili trabajaron antes de ocupar sus actuales cargos públicos. Según información publicada por Página/12 y citada en la ampliación de la denuncia, el banco alemán habría intervenido como contraparte en las operaciones financieras con el oro argentino.

La coincidencia abre interrogantes sobre la selección de las entidades financieras, los criterios utilizados para negociar los contratos y los controles aplicados por las autoridades. El vínculo laboral previo de los funcionarios con el banco no demuestra por sí mismo una irregularidad, pero vuelve indispensable esclarecer las condiciones de las operaciones y determinar si existieron conflictos de intereses.

El dato económico es contundente: la Auditoría General de la Nación (AGN) registró un resultado negativo de aproximadamente US$ 1.023 millones en operaciones con derivados vinculados al oro durante 2025. De ese monto, US$ 960,2 millones correspondieron al resultado de las opciones y US$ 62,8 millones al pago de primas.

¿Quién cobró las comisiones y dónde están los contratos?

La denuncia también busca establecer si las entidades financieras involucradas cobraron comisiones, honorarios o márgenes extraordinarios. En la presentación se menciona una cifra superior a los US$ 60 millones en posibles comisiones, aunque ese monto todavía debe ser verificado mediante la documentación correspondiente.

La falta de acceso a los contratos constituye otro foco de preocupación. Según lo expuesto en la denuncia, el Banco Central no habría entregado a la AGN toda la documentación necesaria para reconstruir las operaciones. Por eso, Dalbón pidió preservar los correos institucionales y los registros informáticos para determinar quién tomó las decisiones, cómo se fijaron los precios y qué condiciones se pactaron con las contrapartes.

La investigación deberá establecer si existió un perjuicio para el Estado, si las operaciones respondieron a una estrategia de cobertura razonable y si hubo conductas que puedan configurar delitos. Por ahora, se trata de sospechas que requieren pruebas y una resolución judicial.

El misterio del oro argentino sigue sin resolverse

El nuevo capítulo judicial vuelve a poner bajo la lupa una pregunta que el Gobierno todavía no ha respondido públicamente con el nivel de detalle reclamado: ¿dónde se encuentra el oro argentino trasladado al exterior en 2024 y bajo qué condiciones se administra?

A las dudas sobre el destino de los lingotes se suman ahora las pérdidas millonarias registradas en operaciones financieras, la presunta participación de entidades privadas y las dificultades para acceder a los contratos. Son cuestiones diferentes, pero todas apuntan a la necesidad de conocer cómo se utilizaron y administraron activos estratégicos del país.

El Gobierno y el Banco Central sostuvieron que las operaciones deben evaluarse considerando el resultado global de la posición en oro, que fue positivo por la suba de su cotización. Sin embargo, ese argumento no elimina la necesidad de explicar los contratos, los costos, las contrapartes y los riesgos asumidos con recursos públicos.

La causa entra así en una etapa clave: la Justicia deberá decidir si ordena las medidas de prueba solicitadas y si existen elementos suficientes para avanzar contra los funcionarios denunciados. Mientras tanto, la ciudadanía sigue sin contar con toda la información necesaria para comprender qué ocurrió con una parte de las reservas estratégicas de la Argentina y por qué operaciones realizadas bajo la actual gestión terminaron generando pérdidas de semejante magnitud.

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Recesión y derrumbe del consumo: las ventas por el Día de la Madre cayeron por quinto año consecutivo

Ni siquiera una de las fechas comerciales más importantes del año logró escapar al ajuste: las ventas minoristas pyme retrocedieron un 1,4% interanual y cuatro de los seis rubros relevados terminaron en terreno negativo. La pérdida del poder adquisitivo y la caída del consumo volvieron a golpear a los comercios.

La recesión sigue pasando factura y volvió a quedar en evidencia durante el Día de la Madre. Según el relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pyme cayeron un 1,4% interanual a precios constantes, encadenando cinco años consecutivos de retroceso en una fecha que tradicionalmente impulsaba la actividad comercial.

El dato refleja las dificultades que atraviesan las familias para sostener sus gastos y la pérdida de dinamismo de un mercado interno cada vez más debilitado. En un contexto de ingresos deteriorados, los consumidores restringen sus compras, priorizan los productos más económicos y postergan gastos que antes podían afrontar. La consecuencia es directa: menos ventas para los comercios y mayores dificultades para las pequeñas y medianas empresas.

El ticket promedio se ubicó en $63.197, mientras que cuatro de los seis rubros relevados registraron caídas. Indumentaria, calzado y accesorios estuvieron entre los sectores más perjudicados, afectados por la decisión de los consumidores de recortar gastos. Ni siquiera las promociones, los descuentos y las cuotas sin interés alcanzaron para revertir la tendencia.

Desde CAME señalaron que la pérdida del poder adquisitivo y la cautela de los hogares condicionaron el consumo. En los comercios de barrio, el panorama también estuvo marcado por una mayor búsqueda de ofertas y la preferencia por artículos de menor precio.

El resultado vuelve a exponer el impacto de una economía que no consigue recuperar el consumo masivo. Mientras el Gobierno de Javier Milei sostiene su apuesta por el ajuste, la contracción del gasto de los hogares repercute sobre la actividad comercial, que depende de que los salarios alcancen para mucho más que cubrir las necesidades básicas.

La caída de las ventas por el Día de la Madre no es un dato aislado: se suma a una tendencia que se arrastra desde 2022 y que vuelve a encender señales de alerta sobre la capacidad de recuperación del mercado interno. Para las pymes, que necesitan volumen de ventas para sostener sus negocios, el escenario resulta cada vez más complicado.

Con el cierre del año a la vista, las perspectivas siguen siendo inciertas. Sin una recuperación sostenida de los ingresos y del poder de compra, otras fechas comerciales importantes, como Navidad y Reyes, podrían repetir el mismo escenario.

Cinco años consecutivos de caída dejan una señal contundente: ni las fechas tradicionalmente fuertes del calendario comercial consiguen compensar el deterioro del consumo. La recesión no solo se refleja en los indicadores económicos; también se siente en los bolsillos de las familias y en las persianas de los comercios.

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Crisis de endeudamiento: el 67% de los argentinos pide intervención estatal

Un informe reveló que el 56,2% de los argentinos tomó deuda en los últimos seis meses y que el 76,4% de quienes recurrieron al crédito lo hizo para cubrir gastos básicos o pagar servicios. Además, el 67% reclama la intervención del Estado ante el avance de la morosidad.

La crisis económica golpea cada vez con más fuerza los bolsillos y empuja a millones de familias a endeudarse para llegar a fin de mes. Según el Monitor de Opinión Pública de Zentrix Consultora, el 65,3% de los argentinos se queda sin dinero a más tardar el día 20, mientras apenas el 9,8% logra ahorrar. El endeudamiento dejó de ser una herramienta para financiar compras y se convirtió en un recurso para afrontar necesidades esenciales.

Los números son contundentes: entre quienes tomaron créditos, el 55,1% necesitó cubrir gastos de alimentación y salud, y otro 21,3% recurrió al financiamiento para pagar tarifas y servicios. El panorama es todavía más grave entre los sectores de menores ingresos: el 68,1% se endeudó durante el último semestre y el 83,3% se queda sin dinero antes del día 20.

La situación enciende una señal de alarma por el riesgo de una espiral de endeudamiento y morosidad. Cuando los salarios no alcanzan para cubrir los gastos cotidianos, las familias recurren al crédito para sobrevivir, pero las cuotas reducen todavía más los ingresos del mes siguiente y multiplican las dificultades para cumplir con los pagos.

Frente a este escenario, el 67% considera necesaria alguna forma de intervención estatal. Entre quienes apoyan una respuesta pública, el 61,3% propone regular las condiciones de otorgamiento de los créditos y el 23,6% plantea refinanciar las deudas a través del Banco Central. Apenas el 7,5% respalda una condonación por ley.

El dato más preocupante es que la deuda crece mientras se deteriora la capacidad de compra. El 81,8% considera que sus ingresos pierden frente a la inflación y los jóvenes aparecen entre los más afectados: el 60,9% se endeudó en los últimos seis meses y el 72% agota sus ingresos antes del día 20. La crisis ya no se expresa solamente en la caída del consumo, sino también en la creciente dificultad de los hogares para sostener sus compromisos financieros.

Los números exponen una realidad que contradice cualquier celebración anticipada de la estabilización económica: cada vez más argentinos necesitan endeudarse para comer, pagar la luz o afrontar gastos de salud. Y cuando el crédito se convierte en una condición para sobrevivir, la morosidad deja de ser un problema aislado y se transforma en una alarma social.

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Estados Unidos presiona a Milei para proteger los intereses de sus empresas y limitar la Ley de Malvinas

El alineamiento de Javier Milei con Donald Trump enfrenta una contradicción cada vez más evidente: mientras el Gobierno proclama la defensa de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Estados Unidos presiona para que el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional no perjudique a sus empresas vinculadas con la explotación de recursos en el Atlántico Sur.

Washington busca frenar la iniciativa o modificarla para evitar que las sanciones alcancen a compañías estadounidenses, sus filiales, accionistas, proveedores e intermediarios financieros. La preocupación norteamericana no pasa por fortalecer el reclamo argentino frente al Reino Unido, sino por proteger sus intereses comerciales y garantizar condiciones favorables para sus inversiones.

La presión expone los límites del alineamiento incondicional que Milei sostiene con la Casa Blanca. El Presidente apuesta a obtener inversiones, respaldo financiero y apoyo político de Trump, pero esa cercanía no garantiza un acompañamiento estadounidense a la reivindicación argentina sobre Malvinas. Por el contrario, Washington mantiene su posición de neutralidad en la disputa y deja en claro que sus intereses económicos tienen un peso determinante en la relación bilateral.

La contradicción es significativa: mientras la Argentina necesita fortalecer sus herramientas diplomáticas, jurídicas y económicas para defender sus derechos soberanos, el Gobierno queda expuesto a las exigencias de una potencia que busca evitar que sus empresas sufran consecuencias por operar en territorios cuya soberanía reclama nuestro país.

La situación plantea una pregunta central: ¿qué margen de autonomía conserva la política exterior argentina si, ante la presión de Washington, la defensa de Malvinas puede quedar subordinada a los intereses de las empresas estadounidenses?

La soberanía no se defiende únicamente con declaraciones ni con gestos discursivos. Requiere una estrategia exterior autónoma, capacidad de negociación y decisiones sostenidas en el interés nacional. Cuando la relación privilegiada con Estados Unidos se convierte en una prioridad que condiciona esas decisiones, el alineamiento deja de ser una garantía y puede transformarse en un límite para la defensa de los derechos argentinos sobre las Malvinas.

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Negocios para los amigos: Caputo y Bausili beneficiaron al Deutsche Bank con el oro argentino

El Deutsche Bank, entidad en la que trabajaron el ministro de Economía y el titular del Banco Central, participó de las operaciones financieras con las reservas de oro que terminaron en una pérdida millonaria para el país. Mientras el Estado afronta el agujero, el Gobierno se niega a entregar los contratos a la Auditoría General de la Nación.

El escándalo por el manejo de las reservas de oro argentinas suma un dato explosivo: el Deutsche Bank, antiguo empleador de Luis Caputo y Santiago Bausili, fue una de las entidades financieras que participaron de las operaciones que dejaron un resultado negativo de US$ 1.023 millones para el Banco Central durante 2025. La información, publicada por Página/12 a partir de una fuente del propio organismo, profundiza las sospechas sobre posibles conflictos de intereses y pone bajo la lupa las decisiones de los funcionarios responsables de administrar los activos estratégicos del país.

La pregunta es inevitable: ¿cómo se explica que el Gobierno haya realizado una operatoria que perjudicó las cuentas públicas y que, al mismo tiempo, involucró a una entidad financiera para la cual trabajaron sus principales responsables económicos?

Luis Caputo llegó a presidir el Deutsche Bank en Argentina en 2008, mientras que Santiago Bausili también desarrolló parte de su carrera profesional en esa institución. Hoy, ambos ocupan puestos centrales en la conducción económica del país: uno dirige el Ministerio de Economía y el otro conduce el Banco Central. El banco de sus antecedentes profesionales aparece ahora entre las contrapartes de una operación financiera que comprometió recursos de todos los argentinos.

La coincidencia no demuestra por sí sola la existencia de corrupción, pero configura un serio interrogante ético y exige explicaciones públicas. Más aún cuando están en juego las reservas nacionales y cuando las autoridades se resisten a transparentar las condiciones de los contratos que originaron las pérdidas.

Una apuesta financiera que terminó en un agujero de US$ 1.023 millones

El mecanismo utilizado involucró contratos de opciones financieras sobre el oro. En términos sencillos, el Banco Central concedió a entidades financieras el derecho a comprar el metal a un precio pactado de algo más de US$ 3.000 por onza. Cuando la cotización internacional superó los US$ 4.000, la operación terminó jugando en contra de la Argentina.

Según la reconstrucción publicada por Página/12, el resultado negativo incluyó aproximadamente US$ 960 millones vinculados con esas operaciones y otros US$ 63 millones correspondientes a una cobertura contratada para protegerse frente a una eventual caída del precio del oro.

En otras palabras, mientras el metal precioso aumentaba su cotización internacional, la estrategia financiera del Gobierno reducía los beneficios que el país podría haber obtenido de sus propias reservas. El balance terminó registrando una pérdida de US$ 1.023 millones, cubierta con divisas de las reservas del Banco Central.

El contraste es brutal: una administración que justifica el ajuste sobre jubilados, trabajadores, universidades y servicios públicos en nombre de la escasez de recursos terminó afrontando una pérdida de semejante magnitud en operaciones financieras cuyo detalle todavía no se conoce por completo.

El Deutsche Bank ganó, pero el Gobierno oculta los contratos

Uno de los aspectos más graves del caso es la falta de transparencia. Según la investigación periodística, el Banco Central mantiene bajo reserva la identidad completa de las contrapartes, las condiciones de las operaciones y los contratos correspondientes. La AGN reclama esa documentación para evaluar qué se hizo con el oro argentino, quiénes autorizaron las operaciones y cuáles fueron sus resultados.

La participación del Deutsche Bank fue identificada por una fuente del BCRA citada por Página/12. Sin embargo, todavía no se conoce públicamente cuánto obtuvo esa entidad, qué proporción del negocio representó su participación ni si intervinieron otros bancos. Sin los contratos, resulta imposible reconstruir de manera independiente el reparto de los beneficios y establecer todas las responsabilidades.

La negativa a facilitar esa documentación agrava las sospechas. Si la operatoria fue conveniente, legal y correctamente ejecutada, ¿por qué no exhibir los contratos ante el organismo encargado de auditar la gestión? ¿Qué información se pretende mantener fuera del alcance de los controles públicos?

La opacidad no reemplaza una prueba judicial de corrupción, pero sí constituye un problema institucional de primer orden cuando se trata de activos soberanos y pérdidas millonarias.

Caputo y Bausili, bajo la lupa por sus vínculos con la banca privada

Los antecedentes profesionales de ambos funcionarios vuelven especialmente sensible el episodio. Caputo y Bausili trabajaron en el Deutsche Bank y, durante la gestión de Mauricio Macri, la entidad también intervino en operaciones de colocación de deuda soberana argentina en los mercados internacionales.

La relación entre los funcionarios y el sistema financiero privado no es, por sí misma, una irregularidad. El problema es determinar si existieron incompatibilidades, conflictos de intereses o decisiones que favorecieron indebidamente a entidades con las que mantenían vínculos profesionales previos.

Por eso, la cuestión no puede resolverse con declaraciones políticas ni con explicaciones generales sobre la evolución del precio del oro. Hace falta conocer quién negoció, quién autorizó, qué condiciones se pactaron, qué entidades cobraron y por qué se eligió una estrategia que terminó generando semejante perjuicio.

La responsabilidad política de Caputo y Bausili es ineludible: ambos deben explicar cómo se diseñó y aprobó la operación, qué controles se aplicaron y qué medidas se tomaron para proteger el patrimonio público.

La AGN exige respuestas mientras crece el escándalo

La Auditoría General de la Nación reclama los contratos, las fechas de las operaciones, las firmas de los responsables y la identificación de todas las entidades participantes. La documentación es indispensable para determinar si las decisiones se ajustaron a las normas, si existieron fallas de gestión y si corresponde establecer responsabilidades administrativas, patrimoniales o penales.

El caso también vuelve a poner en discusión el traslado de oro argentino al exterior y la falta de información pública suficiente sobre su trazabilidad y destino. El Gobierno debe aclarar tanto el propósito de esos movimientos como su relación con las operaciones financieras realizadas sobre las reservas.

La defensa oficial basada en la suba internacional del oro no resuelve el problema. Que las reservas hayan aumentado de valor por la cotización del metal no elimina la pérdida provocada por las operaciones financieras: son resultados distintos y deben analizarse por separado.

La Argentina no puede aceptar que se invoque la austeridad para justificar recortes sociales mientras se comprometen reservas estratégicas en operaciones cuyos contratos se mantienen fuera del escrutinio público. Si Caputo y Bausili sostienen que no hubo irregularidades, tienen la obligación política e institucional de demostrarlo con documentación verificable.

El oro pertenece al país, no a los funcionarios ni a las entidades financieras. Y cada dólar perdido exige una explicación. La transparencia debe ser inmediata, las responsabilidades deben investigarse hasta el final y cualquier eventual delito deberá determinarse con pruebas y garantías judiciales.

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Evadiendo la realidad: El riesgo país no para de subir y Milei decidió crear su propio indicador para maquillar la crisis

Mientras el riesgo país de JP Morgan llegó a los 640 puntos, Javier Milei aseguró que el indicador de su propia administración está por debajo de los 100. En un nuevo ejercicio de interpretación a medida, el Presidente volvió a mostrar su distancia con los datos del mercado y buscó refugio en una cifra favorable para sostener su relato económico.

Javier Milei volvió a exhibir su particular manera de interpretar la realidad económica. Durante una exposición en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, donde fue distinguido como «campeón mundial de la libre empresa», el Presidente aseguró que el riesgo país de su administración se encuentra por debajo de los 100 puntos. Lo hizo, paradójicamente, cuando el indicador de referencia de JP Morgan trepaba hasta los 640 puntos básicos.

«Vamos a honrar nuestras deudas a todo momento. Por eso sigue cayendo día a día el riesgo país», afirmó Milei mientras el índice subía casi 30 puntos respecto de la jornada anterior. La contradicción entre sus declaraciones y la cotización del mercado quedó expuesta en tiempo real.

Para justificar la diferencia, el mandatario sostuvo que el indicador tradicional mide el «viejo modelo» y defendió una medición propia, enfocada en el riesgo correspondiente al año próximo. Sin embargo, comparar indicadores con horizontes y metodologías diferentes no equivale a demostrar que el riesgo país convencional está bajando. La referencia de JP Morgan continúa reflejando la percepción de los inversores sobre el riesgo de la deuda soberana argentina.

No es la primera vez que Milei recurre a interpretaciones selectivas para presentar cifras más favorables. Días atrás, planteó que, si se excluían alimentos y combustibles del cálculo de la inflación, el resultado quedaba en apenas el 0,6%. Ahora, frente a un riesgo país que supera los 600 puntos, vuelve a poner el foco en una medición alternativa para destacar un supuesto éxito económico.

El indicador de JP Morgan llegó a los 640 puntos durante la jornada y luego retrocedió hasta los 623. Su máximo del año había sido de 655 puntos, registrado el 2 de octubre. La caída del valor de los bonos soberanos presionó al índice y volvió a poner en cuestión el optimismo que el Gobierno intenta transmitir sobre la evolución financiera.

Pero Milei no se limitó a defender su propia estadística. También anticipó que conseguirá la reelección y afirmó que «el 70% de los argentinos ha decidido que no quiere volver atrás», una declaración política que presentó como respaldo a su proyecto sin aportar, en ese discurso, datos que permitieran verificar esa afirmación.

La escena vuelve a poner en evidencia la distancia entre el relato presidencial y las señales concretas de los mercados. Cuando los números no acompañan el discurso oficial, Milei parece dispuesto a cambiar el foco de la discusión y destacar la medición que mejor se ajusta a sus argumentos.

El problema es que los inversores no toman decisiones en función de los indicadores que el Presidente elige celebrar. El costo del financiamiento, el precio de los bonos y la capacidad de la Argentina para afrontar sus compromisos siguen dependiendo de variables concretas. Presentar una cifra alternativa puede servir para alimentar el optimismo político, pero no alcanza para despejar las dudas financieras.

En definitiva, mientras Milei proclama que el riesgo país de su administración está por debajo de los 100 puntos, el indicador de referencia continúa muy por encima de los 600. Una brecha que deja planteado un interrogante incómodo para la Casa Rosada: ¿está mejorando la realidad económica o el Gobierno está cada vez más ocupado en encontrar números que le permitan decir que todo marcha bien?

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Recesión: la industria tuvo su peor desempeño desde la pandemia de 2020

El INDEC reveló que las fábricas utilizaron apenas el 58,5% de su capacidad instalada en agosto, el segundo registro más bajo para ese mes en la última década, solo por encima de 2020. La utilización de maquinaria acumula un retroceso de 8,8 puntos respecto de 2023, mientras el empleo industrial cayó 3,8% interanual y los salarios pierden participación frente a las ganancias empresarias.

La industria argentina sigue sin encontrar piso. Los últimos datos del INDEC exponen la profundidad de la recesión: en agosto, las fábricas trabajaron muy por debajo de su capacidad, con máquinas ociosas, producción debilitada y un deterioro creciente del empleo registrado. El indicador alcanzó el 58,5%, una caída de 1,1 puntos porcentuales respecto del mismo mes de 2025 y un nivel que solo encuentra un antecedente inferior en agosto de 2020, durante la etapa más dura de la pandemia.

El panorama resulta todavía más preocupante al observar la evolución de los últimos años. Entre enero y agosto de 2026, la utilización de la capacidad instalada promedió apenas el 57,8%, el mismo nivel de un 2025 que ya había mostrado un desempeño muy flojo. En comparación con 2023, cuando el promedio alcanzaba el 66,6%, el retroceso llega a 8,8 puntos porcentuales. La industria opera con una enorme porción de su estructura productiva sin utilizar, una señal del freno que atraviesa la economía real y que confirma la tendencia hacia un escenario recesivo.

La dimensión del deterioro queda clara al considerar que los niveles de utilización habitualmente asociados con decisiones de ampliación de la capacidad productiva se ubican entre el 70% y el 80%. Con las fábricas trabajando muy por debajo de ese rango, los incentivos para invertir y ampliar instalaciones se debilitan, mientras la recuperación de la producción y la generación de nuevos puestos de trabajo encuentran mayores obstáculos.

Menos producción, menos empleo y más precarización

La caída de la actividad tiene su correlato directo en el mercado laboral. Según los datos del INDEC correspondientes al segundo trimestre de 2026, los puestos de trabajo de la industria retrocedieron 3,8% interanual, una contracción que refleja las dificultades del sector para sostener su nivel de actividad y su demanda de trabajadores.

El deterioro también se observa en el conjunto de la economía. Los puestos asalariados disminuyeron un 0,8% interanual, mientras que los asalariados registrados cayeron un 1,4%. En contraste, crecieron un 0,5% los asalariados no registrados y un 3,9% los trabajadores por cuenta propia, una dinámica compatible con el avance de formas laborales más precarias e inestables.

Otros sectores tampoco escaparon a las dificultades: el empleo cayó un 0,2% en el agro, un 1,1% en la minería y un 1,5% en la intermediación financiera. En cambio, transporte creció un 3,1% y hoteles y restaurantes, un 1,6%.

Los trabajadores pierden participación en el ingreso

A la debilidad de la producción y el empleo se suma otro dato que expone la distribución desigual de los ingresos generados por la economía. En el segundo trimestre de 2026, la participación de los trabajadores en el valor agregado cayó al 42,9%, su nivel más bajo para un segundo trimestre desde 2022. En paralelo, la participación de las ganancias empresarias trepó al 44,7%, con un incremento de 2,8 puntos porcentuales en un año.

Los números muestran una economía en la que la actividad industrial no logra recuperar dinamismo y los trabajadores registrados pierden terreno tanto en cantidad de puestos como en participación en el ingreso. La combinación de capacidad ociosa, retroceso del empleo formal y menor peso de los salarios configura un escenario adverso para el consumo y la recuperación del mercado interno.

El investigador de la CTA Autónoma Luis Campos sintetizó la gravedad del indicador al señalar que el 58,5% de agosto constituye el segundo valor más bajo de la última década para ese mes, apenas 0,1 punto por encima de agosto de 2020. Su advertencia fue contundente: “La industria no puede mantener estos niveles de capacidad ociosa por mucho tiempo”.

El dato del INDEC deja una señal difícil de ignorar: la industria continúa funcionando muy por debajo de su potencial, sin mostrar una mejora significativa frente al año anterior y con un retroceso pronunciado respecto de 2023. Mientras las máquinas permanecen ociosas y el empleo registrado se deteriora, la posibilidad de una recuperación sostenida sigue condicionada por la capacidad de reactivar la producción y la demanda interna.

La crisis industrial no se mide solamente en porcentajes. Detrás de cada fábrica que produce menos hay riesgos para los puestos de trabajo, los ingresos familiares, las pequeñas y medianas empresas y las economías regionales. Los indicadores oficiales describen una recesión que golpea al aparato productivo y deja abierta una pregunta central: cuánto tiempo podrá sostenerse este nivel de capacidad ociosa sin profundizar todavía más el daño sobre el empleo y la estructura industrial argentina.

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