Una nueva denuncia pone bajo la lupa la declaración jurada del vocero presidencial tras la adquisición de una propiedad en el barrio de Belgrano.
La transparencia del entorno de Javier Milei sufrió un duro golpe tras las declaraciones testimoniales de Natalia Rucci y Marcelo Trimarchi, los responsables de la firma inmobiliaria que intervino en la compra del departamento de Manuel Adorni. Según los empresarios, la propiedad ubicada en una de las zonas más exclusivas de Belgrano tenía un valor real de mercado de 340.000 dólares, pero llamativamente terminó figurando en la escritura por apenas 230.000 dólares. Esta diferencia de 110.000 dólares es la que la justicia investiga ahora como una presunta maniobra de subvaluación para ocultar el patrimonio real del funcionario.
El dato más impactante que surgió del testimonio es la modalidad de pago, calificada por expertos como “totalmente fuera de mercado”. Según Rucci y Trimarchi, el vocero presidencial habría convencido a las vendedoras —dos mujeres jubiladas— de otorgarle un préstamo personal por 200.000 dólares para cubrir casi la totalidad de la operación. Es decir, las vendedoras no solo aceptaron cobrar un tercio menos de lo que valía su propiedad, sino que además se convirtieron en las “financistas” de Adorni, permitiéndole pagar su vivienda de lujo en cómodas cuotas.
Para los investigadores de Comodoro Py, esta estructura tiene todas las características de una operación simulada. En el mercado inmobiliario actual, no existe el precedente de un vendedor que resigne una suma millonaria en dólares y, simultáneamente, le preste el dinero al comprador para que se lo devuelva a largo plazo. La sospecha principal es que ese “préstamo” es en realidad una pantalla para blanquear fondos de origen desconocido que el vocero no podría justificar con su salario público ni con sus ahorros previos declarados.
La celeridad del trámite también generó sospechas. La transferencia se realizó en tiempo récord, eludiendo varios de los controles de la UIF (Unidad de Información Financiera) sobre el origen de los fondos en transacciones de este calibre. Mientras Adorni utiliza su atril diario en Casa Rosada para exigir sacrificios a la población y hablar de “transparencia”, los papeles de su vivienda propia revelan un entramado de beneficios y opacidad administrativa que lo aleja por completo de la ética que pregona su discurso oficial.
Desde el bloque de la oposición ya se preparan pedidos de informe sobre el rol del escribano interviniente y la situación patrimonial de las vendedoras. Resulta difícil explicar por qué dos jubiladas accederían a un negocio tan perjudicial para su propio capital, a menos que el préstamo sea una ficción jurídica para cerrar una brecha contable. “Es el primer gran caso de corrupción inmobiliaria del riñón libertario”, señalan fuentes judiciales que siguen de cerca la causa por presunto enriquecimiento ilícito y falsedad ideológica.
Finalmente, la Justicia deberá determinar si la discrepancia de valores constituye un delito de evasión y lavado de dinero. El impacto político es directo: el vocero estrella del Gobierno queda atrapado en una contradicción moral insalvable, donde la “motosierra” parece haber funcionado solo para recortar el precio de su propia casa. Si la tasación oficial confirma los 340.000 dólares denunciados por la inmobiliaria, el destino judicial de Adorni podría complicarse seriamente antes de que termine el primer semestre.
La coordinadora para América Latina del Festival Internacional de la Juventud, Aleksandra Osmolovskaya, visitó Buenos Aires para promover la inscripción de jóvenes al encuentro que se realizará en septiembre en Ekaterimburgo.
Con la mira puesta en ampliar la participación argentina, Osmolovskaya encabezó una conferencia de prensa en la Casa Ruso Argentina, donde convocó a jóvenes de todo el país a sumarse al principal encuentro global de juventudes.
“Este es el año de la unidad de los pueblos”, afirmó la funcionaria, quien remarcó el carácter integrador del evento. “Unidad entre diferentes pueblos. Educación para los jóvenes”, agregó, al tiempo que subrayó que el festival busca fortalecer la cooperación internacional. “Tenemos un plan para la cooperación internacional”, señaló.
El festival prevé reunir a unos 10.000 participantes, 2.000 voluntarios y delegaciones de 190 países, además de representantes de 89 regiones de Rusia, en una agenda centrada en el intercambio cultural, el desarrollo de proyectos y el diálogo con expertos internacionales.
Las postulaciones para Argentina permanecerán abiertas hasta el 30 de abril de 2026, con una instancia adicional de inscripción —en carácter de reserva— entre el 1 y el 31 de mayo. La convocatoria está dirigida a jóvenes de entre 14 y 35 años.
En ese marco, Osmolovskaya destacó la importancia de la participación latinoamericana y llamó a los jóvenes argentinos a involucrarse activamente. “Estoy orgullosa de poder estar con tantos jóvenes que quieren participar de nuestras actividades”, expresó, y añadió: “Invitamos a otros países para ver Rusia y conocer más”.
Por su parte, Ignacio Moyano, presidente del Comité Nacional Preparatorio del festival en Argentina, enfatizó la necesidad de garantizar una representación federal. “Nuestra idea es que este evento llegue a todo el país, que estemos todos representados. Que no quede en la ciudad de Buenos Aires o el AMBA”, sostuvo.
Asimismo, Moyano remarcó el valor del intercambio cultural que propone el encuentro. “Para conocer a las personas de allá. No hay nada mejor que conocer su cultura e idioma”, indicó., para luego agregóar: “Lo que tiene de interesante, en un mundo multipolar, es que el festival permite derribar muchas ideas que tenemos sobre otros países”.
El dirigente también destacó su experiencia previa en el evento: “La primera vez que fui, me permitió conocer muchas personas de otros países, con otras experiencias”.
De esta manera, el Festival Internacional de la Juventud se consolida como un espacio de articulación global que promueve la cooperación, el entendimiento entre culturas y la construcción de una agenda común entre jóvenes de todo el mundo.
De cara a una segunda vuelta presidencial, el candidato de Juntos Por el Perú plantea revisar el esquema de inserción internacional del país y cuestiona el impacto de los acuerdos comerciales en la distribución de la riqueza.
En Perú, Roberto Sánchez, candidato de los movimientos sociales y de la izquierda de Juntos Por el Perú (JPP), propone una auditoría internacional a los Tratados de Libre Comercio y la renegociación de los contratos de inversión extranjera.
Sánchez anticipó que promoverá la renegociación de esos contratos y una auditoría internacional a los acuerdos de libre comercio, con el objetivo de reducir las desigualdades en el país, especialmente en las comunidades con altos índices de pobreza donde se desarrollan los grandes proyectos mineros.
“Respetuosamente queremos revisar todo, pero queremos que nos traten como tratan a sus ciudadanos en sus países. Perú necesita respetar siempre el debido proceso y la legislación. Nosotros no queremos ser tampoco más papistas que el papa, porque el país del liberalismo (Estados Unidos) es el más conservador, el más defensista y el que más cierra el comercio internacional, el que actúa como si fuera un imperio aplicando aranceles como le da la gana”, declaró.
El candidato de JPP planteó integrar a Perú en la comunidad internacional como una nación democrática, abierta al comercio y respetuosa de la soberanía.
El congresista y exministro de Comercio Exterior y Turismo del gobierno de Pedro Castillo señaló que su intención es hacer “una gran auditoría internacional” que permita “mostrarle al mundo, después de un proyecto de 25 o 30 años bajo los actuales estándares, a dónde se fue la riqueza: cuántas utilidades ha generado la minería a esa bandera internacional y cuánto de eso ha servido para la comunidad de origen”.
“Sobre esos datos, le queremos decir respetuosamente que queremos mejorar los estándares: uso de tecnologías limpias, reparación de cada componente del sistema ecológico a cero, consulta previa, intereses justos e impuestos a la sobreganancia. ¿Quién iba a pensar que el commodity del oro iba a aumentar tanto? ¿Acaso pedir eso es antidemocrático e irrespetuoso?”, se preguntó.
“Ya no queremos ser productores primarios y exportadores. No queremos vender solo piedras y concentrados. Queremos transferencia de tecnología. Les planteamos que nos den transferencia de tecnología y que pongan su industria aquí, y que generemos valor agregado sobre la materia prima aquí, y que tenemos capital humano y masa crítica para transformar y democratizar esa gran utilidad y riqueza”, agregó.
Con el 93,48 % del escrutinio completado, Keiko Fujimori suma el 17,05 % de los votos válidos (2.687.621 sufragios). Sánchez ocupa el segundo lugar con el 12 % (1.891.906 votos), y Rafael López Aliaga lo sigue con el 11,92 % (1.878.493 apoyos). La distancia entre estos dos últimos supera ligeramente los 13.000 votos, mientras los jurados electorales deben resolver más de 5.000 actas impugnadas.
Informes de las principales consultoras del país revelan que el “blindaje mediático” en redes sociales ya no alcanza para contener el malestar social. Por primera vez, la aprobación del Gobierno cae por debajo de la inflación acumulada y el pesimismo le gana a la esperanza en los centros urbanos.
El ecosistema digital que funcionó como el gran motor del ascenso de Javier Milei muestra signos de fatiga estructural. Según el último informe de la consultora Zuban Córdoba, la imagen negativa del presidente ha escalado hasta perforar el piso del 55%, marcando que el discurso de la “lucha contra la casta” ya no es suficiente para compensar la pérdida del poder adquisitivo. El fenómeno, que antes se mantenía en una burbuja de interacciones positivas, hoy choca con una realidad donde la preocupación por el desempleo y la pobreza ha desplazado al debate sobre la ideología de género o el cierre de organismos estatales.
Por su parte, el Monitor de Humor Social de D’Alessio IROL/Berensztein destaca un dato alarmante para la Casa Rosada: el 70% de los consultados afirma que su situación económica personal es peor que hace un año. Esta percepción de deterioro constante ha generado un “apagón” en la militancia digital orgánica, que ya no logra dominar la conversación pública con la misma intensidad. El estudio revela que el apoyo de la clase media se está licuando ante el aumento desproporcionado de las tarifas y la medicina prepaga, sectores que fueron el núcleo del voto castigo en 2023.
La consultora Poliarquía también observa un fenómeno de “desgaste prematuro”. Sus mediciones indican que el índice de optimismo sobre el futuro económico cayó 12 puntos en el último bimestre, situándose en niveles similares a los de los momentos de mayor crisis de gestiones anteriores. Lo más impactante es que la credibilidad de la palabra presidencial está en su punto más bajo, ya que gran parte de la población percibe que los datos de inflación que celebra el Gobierno no se reflejan en el ticket del supermercado.
La estrategia de comunicación, liderada por el equipo de Santiago Caputo, intenta contrarrestar estos números con una hiperactividad en la red X (antes Twitter), pero los especialistas en big data advierten que se trata de un “eco-chamber”. Es decir, el oficialismo está hablando para su propio núcleo duro mientras el ciudadano de a pie se desconecta de la política por agotamiento. El análisis de sentimiento en redes demuestra que las menciones negativas hacia la gestión ya no provienen solo de la oposición, sino de usuarios que se identificaban como “independientes” y que ahora utilizan las redes para denunciar la falta de sensibilidad social.
El problema de fondo que señalan los analistas es el choque frontal entre el superávit fiscal “de planilla” y el déficit habitacional y alimentario de las provincias. Mientras el Presidente se enfoca en sus interacciones con magnates tecnológicos, las encuestas territoriales muestran que el ajuste en las provincias ha unificado a gobernadores e intendentes en un reclamo que las redes no pueden silenciar. La desconexión entre la agenda de la cuenta personal de Milei y las urgencias del interior profundo está creando un vacío de representación que la oposición comienza a capitalizar.
Finalmente, el dato más disruptivo de las últimas semanas es la caída de la imagen de Milei entre los jóvenes de 16 a 24 años, el segmento que fue su principal base de apoyo. Para este grupo, la promesa de libertad se ha transformado en la imposibilidad de planificar un futuro básico. Si la gestión no logra traducir el relato de los “clics” en una mejora tangible del consumo interno, el riesgo de que el modelo se apague definitivamente es una posibilidad que los consultores ya miden como un escenario de alta probabilidad para el próximo semestre.
El dato, difundido por el INDEC, representa el mayor aumento del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) desde septiembre del año pasado y refleja el traslado de tensiones internacionales a los costos locales.
El principal motor de la suba fue el salto en los precios del petróleo crudo y el gas, impulsado por el conflicto en Medio Oriente y las dificultades logísticas en el estrecho de Ormuz, que derivaron en un incremento del 15% en los combustibles. Este fenómeno repercutió de forma directa en toda la estructura productiva, elevando los costos en cadena.
El rubro de hidrocarburos mostró un comportamiento excepcional, con un aumento del 27,3% en apenas un mes. Como consecuencia, los productos primarios nacionales subieron en promedio un 7,8%, aunque este avance fue parcialmente compensado por la caída del 3,2% en los precios agropecuarios.
En el sector industrial, las manufacturas nacionales registraron una suba del 2,3%, con incrementos destacados en refinados del petróleo (6,6%) y alimentos y bebidas (2,5%), mientras que los productos importados se mantuvieron relativamente estables, con una variación de solo el 1,1%, favorecidos por la calma en el tipo de cambio oficial.
La dinámica del mes evidenció una fuerte brecha entre sectores: mientras los bienes ligados a la energía reflejaron el shock externo, los productos importados mostraron mayor estabilidad. Este comportamiento es seguido de cerca por analistas, ya que los precios mayoristas suelen anticipar la evolución de los costos que luego impactan en el consumidor final.
En este marco, el hecho de que la inflación mayorista haya igualado a la minorista en marzo (3,4%) vuelve a poner el foco en la presión de costos hacia adelante. Si bien ambos indicadores responden a metodologías distintas, el encarecimiento energético en el origen de la cadena productiva plantea dudas sobre la capacidad de las empresas para absorber estos aumentos sin trasladarlos a los precios finales.
Mientras el precio de la nafta asfixia el bolsillo de los argentinos, el Gobierno Nacional retiene de forma ilegal los fondos del impuesto al combustible destinados por ley a obras públicas, configurando un desvío millonario que paraliza al país.
El ministro de Infraestructura bonaerense, Gabriel Katopodis, lanzó una denuncia demoledora contra la administración de Javier Milei y Luis Caputo: el Gobierno está “robándose” y desviando fondos que, por ley, tienen un destino específico y obligatorio. Según detalló, el Ministerio de Economía ha recaudado la astronómica cifra de 6 billones de pesos (millones de millones) a través del impuesto a los combustibles en los últimos dos años, pero no ha volcado ni un solo centavo a las rutas e infraestructura hídrica que ese tributo debe financiar.
Esta maniobra representa un incumplimiento flagrante de acuerdos que llevan más de 30 años de vigencia institucional. Cada vez que un ciudadano carga el tanque, paga un impuesto que debería garantizar la seguridad vial y el desarrollo regional; sin embargo, el Ejecutivo nacional utiliza ese dinero para engrosar el ajuste fiscal mientras “hace la plancha” frente a la crisis energética. La denuncia subraya que este desvío no es solo una omisión administrativa, sino un ataque directo a los recursos que pertenecen a las provincias y municipios.
El escenario planteado por Katopodis es de una “crueldad sin antecedentes“. Mientras el precio del combustible se dispara y se traslada automáticamente a los alimentos, el Gobierno se niega sistemáticamente a recibir a los intendentes y gobernadores de todo el país que exigen respuestas. Caputo ya ha ignorado más de seis pedidos de audiencia, manteniendo una política de puertas cerradas mientras el Plan Nacional de Vacunación se desarticula y la obra pública queda en el abandono absoluto.
La paradoja del modelo libertario queda expuesta: Argentina, siendo un país exportador de petróleo, tiene hoy el litro de nafta más caro que los países a los que les vende el recurso. No existe un beneficio para los ciudadanos, sino una transferencia de recursos desde los sectores productivos y la clase media hacia las arcas del Tesoro, sin que ese esfuerzo retorne en servicios, salud o infraestructura. Es un esquema de “ajuste sin fin” donde las prioridades están fijadas exclusivamente para favorecer a los sectores más concentrados de la economía.
Finalmente, la denuncia advierte sobre el quiebre del contrato social y legal. Bajo el lema “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada”, el binomio Milei-Caputo parece operar al margen de las normativas vigentes que los obligan a coparticipar o invertir los fondos específicos. Lo que Katopodis describe es un modelo de exclusión que destruye el empleo en 23 de las 24 provincias y que, lejos de las promesas de bienestar, ha sumido a la población en una espiral de recesión y desamparo estatal.
Un comunicado difundido por la Liga Antiimperialista de Francia reclama la libertad del secretario general del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Ahmed Sa’adat, y de todos los prisioneros palestinos y libaneses detenidos en las prisiones sionistas.
El texto fue difundido en la antesala del 17 de abril, Día Internacional de Solidaridad con los Prisioneros Palestinos, y sostiene que la situación de los detenidos constituye una expresión central del conflicto, denunciando condiciones de detención que califican como “inhumanas”, con casos de tortura, aislamiento, hambre, negligencia médica y muertes bajo custodia.
Sa’adat, detenido desde 2002, es presentado en el documento como una figura clave del movimiento nacional palestino y símbolo de unidad dentro del sistema penitenciario. El pronunciamiento lo equipara a otros dirigentes encarcelados y advierte sobre el incremento de la tensión tras octubre de 2023, así como sobre la situación de miles de detenidos bajo distintas figuras legales, incluidas detenciones administrativas sin juicio.
El comunicado también condena la reciente legislación israelí vinculada a la pena de muerte para prisioneros palestinos y llama a intensificar la movilización internacional en defensa de los detenidos.
Entre los firmantes figuran el secretario ejecutivo de la Internacional Antiimperialista de los Pueblos, Lois Pérez Leira; el analista político Esteban Silva Cuadra; el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel; y el sociólogo Atilio Boron, junto a otras personalidades del ámbito académico, político y de derechos humanos de América Latina y Europa.
El texto convoca a una jornada de movilización internacional el 17 de abril y plantea que la defensa de los prisioneros forma parte de la lucha por la autodeterminación del pueblo palestino, en un contexto de recrudecimiento de las violaciones a los derechos humanos por parte del Estado sionista.
El pronunciamiento concluye con un llamado a la solidaridad internacional y a la liberación de todos los detenidos palestinos y libaneses.
Comunicado completo
¡Libertad para Ahmed Sa’adat y todos los prisioneros palestinos y libaneses!
La cuestión de los prisioneros palestinos es central en la lucha de liberación nacional. Estos combatientes, encabezados por el camarada comandante Ahmed Sa’adat, Secretario General del Frente Popular, encarnan el verdadero significado del compromiso revolucionario al enfrentarse a la maquinaria de represión colonial con una firmeza legendaria, resistiendo todas las formas de brutalidad y represión que se han intensificado en los últimos meses con mayor ferocidad. Los prisioneros son los líderes de la lucha dentro de las cárceles y un símbolo vivo de la unidad y la firmeza de nuestro pueblo. Defenderlos es defender la esencia misma de la causa palestina.
FPLP – abril de 2026
Desde el 15 de enero de 2002, el Secretario General del Frente Popular para la Liberación de Palestina, Ahmed Sa’adat, se encuentra detenido. Sigue luchando desde las cárceles, donde ha liderado el movimiento de prisioneros y representa una figura unificadora para todo el pueblo palestino y para todos los prisioneros, más allá de las afiliaciones faccionales. Más de 24 años después, sigue encarcelado en prisiones sionistas, junto a cerca de 10.000 prisioneros palestinos, incluidos más de 350 niños. Más de 3.000 prisioneros están en detención administrativa, sin juicio ni condena. Recordemos también que 23 prisioneros libaneses están detenidos en cárceles sionistas, y que probablemente varios sirios capturados en 2025 y 2026 también están encarcelados sin juicio.
Las condiciones en las cárceles sionistas, que siempre han sido desastrosas e inhumanas, han alcanzado un nuevo nivel de horror desde el 7 de octubre de 2023. Los casos de malos tratos, tortura, hambre, aislamiento, negligencia médica y violaciones son innumerables. Es un verdadero infierno en la tierra. Casi 90 prisioneros han sido asesinados en las cárceles de la ocupación desde el 7 de octubre de 2023, en medio de un silencio casi total de la comunidad internacional.
La lucha por la libertad de los prisioneros palestinos no es una simple lucha humanitaria. Al poner en evidencia la barbarie de la ocupación sionista, persigue otros objetivos, en particular defender la vida de quienes han luchado por la liberación de su patria ocupada. El combatiente de la resistencia Ahmed Sa’adat, al igual que Marwan Barghouti, es un símbolo de unidad. Luchar por su vida y exigir su libertad significa convertirlo en un ejemplo para todo el pueblo palestino encarcelado. No se trata de una lucha por una sola persona, sino por todos los prisioneros en las cárceles sionistas. Más aún tras la reciente ley aprobada por el parlamento israelí sobre la pena de muerte para los prisioneros palestinos, es urgente movilizarse y desarrollar la lucha a nivel nacional e internacional de manera coordinada en su apoyo.
Defender la libertad de Ahmed Sa’adat es apoyar el proyecto de liberación palestino y el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación. Defender a los prisioneros palestinos y libaneses es afirmar que estas figuras de la resistencia no pueden ni deben serabandonadas, y que toda la brutalidad sionista no logrará someterlos. Defenderlos es también defender el derecho de los pueblos oprimidos a su liberación, un derecho reconocido por la ONU, pero cuyo apoyo es reprimido en muchos países, incluido aquí en Francia. Significa exigir y luchar para que la comunidad internacional y la ONU garanticen el respeto de los derechos fundamentales del pueblo palestino.
Llamamos a una gran jornada de acción el 17 de abril, Día Internacional de Solidaridad con los Prisioneros Palestinos, que trascienda las fronteras para exigir la libertad del camarada Ahmed Sa’adat y de todos los prisioneros palestinos y libaneses.
¡Libertad para todos los prisioneros palestinos y libaneses! ¡Libertad para Ahmed Sa’adat!
Mientras Milei protagonizaba un show musical en un evento privado, la justicia federal acumulaba nuevas pruebas sobre el esquema de retornos en la ANDIS. La fiscalía investiga si la recaudación ilegal en el organismo se mantuvo activa durante los meses de mayor exposición del discurso oficialista contra la corrupción.
Mientras el ajuste salvaje de la “motosierra” deja sin prestaciones a miles de personas con discapacidad, una investigación del diario Página/12 revela el lado más oscuro del marketing libertario. No fue “la casta” ni las regalías de sus libros: el fastuoso show de Javier Milei en el Movistar Arena habría sido financiado con dinero proveniente de empresarios beneficiados por una red de coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS).
El “padrino” del show: La caja de los medicamentos
La investigación, firmada por el periodista Raúl Kollmann, pone nombres y apellidos al financiamiento del evento donde Milei cantó rock ante 15.000 personas. El alquiler del estadio, que rondó los 70.000 dólares, habría sido cubierto por la familia Kovalivker, dueña de la droguería Suizo Argentina.
Lo que el relato oficial intenta ocultar es que esta empresa es la principal proveedora de medicamentos de alto costo de la ANDIS. En criollo: el “León” rugía contra los empresarios prebendarios mientras uno de los mayores contratistas del Estado le pagaba el escenario.
Audios del horror: Dólares en la basura y retornos del 3%
La causa judicial, que ya cuenta con audios filtrados de Florencia Pérez Roldán (vinculada a los empresarios), describe maniobras de ocultamiento dignas de una película de gángsters:
Fuga de divisas: Ante la inminencia de allanamientos, los empresarios habrían retirado 270.000 dólares de una propiedad.
Plata tirada: En la desesperación por esconder el rastro del dinero, 50.000 dólares terminaron dentro de un contenedor de basura para evitar que la Policía Federal los encontrara.
Pero el escándalo no termina en el show. El fiscal Franco Picardi investiga la existencia de una “ventanilla de pagos indebidos” en la ANDIS, donde se exigía un 3% de retorno por cada factura liberada.
La “Casta” está de fiesta, los vulnerables en la calle
El dato más sensible de la investigación roza el entorno íntimo de la Casa Rosada. La ANDIS depende directamente de la Secretaría General de la Presidencia, a cargo de Karina Milei. Esto sugiere que la estructura de recaudación ilegal no era un “cuentito” de funcionarios aislados, sino un mecanismo para sostener la logística y la propaganda del movimiento libertario.
Mientras el Gobierno se jacta de un superávit fiscal ficticio, la realidad es que ese dinero se le quita a los más débiles. Hoy, la ANDIS es noticia por las coimas y el rock, mientras miles de beneficiarios del programa Incluir Salud denuncian que no reciben sus remedios ni sus tratamientos. Una vez más, la libertad parece ser solo para los que pueden pagar el peaje del 3 por ciento.
“La vida es una comedia vista de lejos, pero una tragedia en primer plano”. La frase, de origen incierto —quizá un préstamo anglosajón mal digerido—, forma parte del repertorio cotidiano en Seúl. Y encierra una verdad lapidaria.
En América Latina, Oriente Medio y el Sudeste Asiático, la ola cultural surcoreana (Hallyu) lleva más de un lustro rompiendo costas. Es un fenómeno curioso: salvo en Estados Unidos —el gran devorador de recursos materiales y simbólicos—, esta cultura ha calado más hondo en las periferias que en la metrópoli europea. ¿Por qué?
La torre de marfil académica seguramente tendrá alguna explicación detallada, a veces justas, muchas veces pasada de propaganda, a su disposición, pero no trato de ser un erudito ilustre con un salario millonario. Durante mi estancia en América Latina he notado dos factores claves. Primero, el producto cultural surcoreano posee una pátina familiar: décadas de imitación y anhelo de reconocimiento occidental lo han hecho digerible, casi estadounidense en su factura. Pero, al mismo tiempo, conserva un exotismo sensible que toca una fibra muy específica: la incomodidad de vivir en una sociedad neoliberal. A diferencia de la ciencia ficción o el anime, que construyen mundos imaginarios, el “K-Drama” ofrece una fantasía de escape dentro de la vida real capitalista.
Corea se percibe, así, ajena y familiar. Es un país desarrollado, sí, pero uno que conoce íntimamente el dolor del capitalismo. Vende la ilusión del “príncipe azul” moderno y amable, en contraposición al blanco occidental presumido, mucho más en América Latina donde los rubios con ojos azules ejercen un monopolio político y económico. Sin embargo, quien viaja a Corea buscando ese espejismo se topa con un muro de realidad: una sociedad cerrada, ferozmente clasista, racista y discriminadora. Esa dualidad es la esencia de la contradicción surcoreana.
Pero quiero ir más allá del análisis cultural superficial. Esta dualidad es el síntoma de una patología nacional más profunda: la doble colonialidad.
El mito del Río Han y la sumisión al desarrollo
El llamado “Milagro del Río Han” se construyó sobre una sumisión total a la visión eurocéntrica del desarrollo unilineal. Aunque las dictaduras militares surcoreanas tuvieron roces con Estados Unidos respecto a las recetas de libre mercado, en el fondo, la industrialización fue una persecución frenética de Occidente mediante la movilización total de la sociedad.
Modernizarse era occidentalizarse. En los años 60, la dictadura impuso el consumo de trigo para reducir la dependencia del arroz, inventando la categoría culinaria del Bunshik (comida de harina): tteokbokki, fideos instantáneos, pasteles de pescado industrial (oden) y frituras. Lo que hoy el mundo celebra como “comida callejera coreana” nació de una imposición política de austeridad y mimetismo occidental.
Fue una acumulación originaria de capital de manual marxista, pero a velocidad de vértigo. La reforma agraria de 1946 (acelerada por el miedo al socialismo del Norte) bajo el gobierno militar estadounidense y la Guerra de Corea facilitaron el cercamiento de tierras sin oposición feudal. El Estado, cual capataz, empobreció al campo para luego reorganizarlo bajo el movimiento Saemaul (Nuevo Pueblo). El capital inicial se amasó con sangre: vendiendo tropas mercenarias para la Guerra de Vietnam y monetizando a las víctimas de la colonización japonesa mediante acuerdos indignos.
Estados Unidos, omnipresente con sus bases militares, se convirtió en el tótem de la modernidad. El anticomunismo cimentó una idealización sentimental de Occidente. En un país donde viajar estaba prohibido para el 95% de la población, la conexión con “lo de afuera” era un privilegio de la élite, ese “capital nacional” creado y protegido por la dictadura para monopolizar la exportación. La historia de Corea del Sur es, en esencia, una relación de amor-odio con el amo estadounidense.
La fractura ideológica de los 80 y la orfandad teórica
En el fragor de la lucha por la democracia contra la dictadura militar en los años 80, surgieron un cisma ideológico y un debate feroz, primero en los campus universitarios y luego en el naciente movimiento obrero.
La facción mayoritaria se agrupó bajo las siglas NL (National Liberation o Liberación Nacional). Bebiendo de una versión selectiva del maoísmo y de un jucheismo idealizado, los NL definían a Corea del Sur no como un Estado soberano, sino como una colonia estadounidense atrapada en una estructura social feudal, perpetuada por la división nacional. Para ellos, nacionalistas acérrimos, la prioridad absoluta era la reunificación bajo la victoria del Norte y la expulsión del imperialismo. Dado que el trauma colonial japonés y el respaldo de EE.UU. a las dictaduras seguían vivos en la memoria colectiva, la teoría NL y su organización —vertical y casi militar— se propagaron como la pólvora por las universidades.
Frente a esta hegemonía surgió la facción PD (People’s Democracy o Democracia Popular). Eran marxistas-leninistas que rechazaban la visión de la nación como un todo orgánico y ponían el foco en las contradicciones internas de clase. Para los PD, Corea del Sur era una formación social semifeudal bajo una dictadura fascista, sí, pero dominada por el capital monopolista.
Esta divergencia teórica no fue un mero ejercicio intelectual; definió la praxis política en el momento crítico de 1987, durante la primera elección presidencial democrática tras la dictadura. Los NL, siguiendo su teoría de la “revolución democrática antiimperialista burguesa”, apoyaron tácticamente(apoyo crítico) al candidato liberal Kim Dae-jung(esp: Kim De-Yun), considerándolo un paso necesario para acabar con el feudalismo. Los PD, en cambio, rechazaron esa alianza de clases. Inspirados explícitamente en la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende en Chile, optaron por levantar una candidatura popular independiente, la de Paik Ki-wan(esp: Pek Gui-wan), para abrir el “camino al socialismo”.
El resultado fue trágico. La división del voto opositor entre el liberal Kim Dae-jung y el conservador Kim Young-sam(esp: Kim Ion-sam) permitió que Roh Tae-woo(esp: No Te-u), el amigo y sucesor del dictador, ganara las elecciones.
Paradójicamente, mientras la política institucional fracasaba, la base social estallaba. Ese mismo año se desató lo que se conocería como la Gran Lucha Obrera: una explosión de conciencia de clase que generó miles de huelgas, tomas de fábricas y la creación de nuevos sindicatos en cuestión de meses. Fue el verdadero nacimiento del movimiento obrero moderno. Sin embargo, la historia tenía preparada una emboscada: la disolución de la Unión Soviética y la entrada repentina y brutal del neoliberalismo obligaron al movimiento a pasar a una defensiva desesperada, atendiendo las amenazas inmediatas y postergando la construcción teórica.
Esto nos lleva a una conclusión dolorosa: a diferencia de América Latina, en Corea del Sur nunca se desarrolló un marco teórico decolonial propio que situara al país en el contexto universal.
A pesar de la obvia dependencia política y diplomática hacia Washington, la izquierda surcoreana sigue mirando hacia afuera para explicarse a sí misma. Sus herramientas de análisis se importan mayoritariamente de Occidente: desde Wallerstein, Fraser y Althusser hasta Negri, Žižek y Arrighi. Sus modelos de praxis se buscan en las huelgas inglesas, la CGT francesa o la socialdemocracia nórdica. Sin una izquierda capaz de proponer una epistemología alternativa y autóctona, el pueblo surcoreano nunca ha logrado romper el cordón umbilical de la dependencia intelectual respecto a Estados Unidos.
El vacío del alma: La modernidad prestada y la tiranía del dinero
Desde una perspectiva estrictamente económica, Corea del Sur es una anomalía: la única nación que logró saltar del subdesarrollo al Primer Mundo. Y es también la única que lo consiguió imitando meticulosamente a los desarrollados, a los imperialistas. Pero hay una trampa en este éxito: la modernidad no es coreana. Es europea.
La tradición neoconfuciana plantea un camino de ascensión moral muy distinto: Sushin-jega-chiguk-pyeongcheonha (修身齊家治國平天下). Es decir, el individuo, a través del cultivo de su conocimiento sobre los mecanismos trascendentes del mundo y su moralidad, logra mantener su ser, dar paz a su familia, gobernar el país y, finalmente, pacificar el mundo.
El drama surcoreano radica en querer ser lo que no son. Poseen la riqueza material de Europa, pero no su espíritu. Esgrimen su capital para acumular más riqueza, pero han perdido la capacidad de pensar de manera independiente. Buscan alternativas desesperadamente, mirando ora a Europa, ora a Estados Unidos, imitando sin cesar para alcanzar una supuesta felicidad que siempre se les escapa. Incluso la izquierda, en su momento de orfandad, buscó respuestas en América Latina —en Chávez, Morales, Correa o el subcomandante Marcos—, pero América Latina no es Corea.
Ante este vacío, el único valor que ha quedado en pie, el único verdaderamente universal en la Corea del Sur contemporánea, es el dinero. La plata.
La sociedad ha internalizado una visión híperclasista donde el valor de un ser humano se mide por el peso de su billetera. Esto infecta todo: la amistad, el amor, el matrimonio, la carrera. La ecuación es brutal y biopolítica: si vienes de un país pobre, sin importar tu color de piel, eres inferior, incluso si fueras étnicamente coreano. Si vienes de un país rico, eres bienvenido pero sigues siendo el “otro”; das envidia, pero no gustas, porque “no entiendes nuestro dolor”.
Esta mentalidad es hija de un trauma doble. La colonización japonesa primero, y la colonización político-cultural estadounidense después, ocultaron el valor que podría haberse desarrollado desde un pensamiento coreano propio y su crítica interna. Al mismo tiempo, la eterna autopercepción de “víctima” impide a los coreanos ver que su país se ha convertido en un opresor, un pilar fundamental del capitalismo global que explota la plusvalía del Sur Global y tritura a los trabajadores migrantes en su propio suelo.
El resultado es una infelicidad endémica. Un surcoreano es, por definición estructural, una persona infeliz.
Las estadísticas no mienten, son gritos de auxilio cuantificados. El país ostenta una de las mayores tasas de suicidio del mundo, liderando las cifras tanto en adolescentes como en ancianos, los eslabones más frágiles de la cadena. El pueblo, comenzando por los sectores marginados, ha decidido no reproducirse. Con una tasa de natalidad fantasmagórica de 0,58(Seúl), la etnia surcoreana se enfrenta a su desaparición matemática en el siglo XXII. Es una huelga de vientres existencial.
La angustia nace de la comparación perpetua. Ya sea a nivel individual o nacional, la envidia de no ser el opresor supremo y la desgracia de haber sido el oprimido no dejan paz. La única escala de medición es el dinero, porque los otros valores son ajenos; existen como costumbre mental inerte, pero nunca se redefinen de manera propia.
Conceptos como individualismo, meritocracia, atomización o alienación son palabras prestadas que en Seúl no significan lo mismo que en Europa. La izquierda (tanto NL como PD) se apropió del término “feudalismo” para explicar algo que, como ya advertía Marx en 1858, no era feudalismo. Los liberales, por su parte, embriagados por el nacionalismo de los NL, dedicaron una década a sostener la teoría del “Embrión del Capitalismo”, intentando probar que Corea tenía el potencial de haberse desarrollado como un Estado moderno al estilo japonés, si no hubiera sido por la injerencia colonial.
Tanto la crítica como la defensa de “lo coreano” caen en la misma trampa lógica: asumen que el destino inevitable de lo premoderno es pasar a lo moderno, a lo capitalista. La discrepancia entre “lo nuestro” y “lo desarrollado” se interpreta siempre como inferioridad, como la creación de una versión defectuosa del original europeo. La solución propuesta, sea por la mayoría conservadora o por la izquierda, es siempre la misma: “hacerlo bien”, imitar mejor a los europeos para ser un país desarrollado de pleno derecho.
El desprecio por el pensamiento propio se refleja en el presupuesto: dentro del orgullo nacional por el I+D, los fondos para ciencias humanas y sociales son un ridículo 0,97%. No se consideran productivas, ergo, no son importantes. No importa que falten recursos para crear un pensamiento que sea realmente coreano.
La mente colectiva es un vacío que no se puede llenar, porque es una mente sin raíces propias. Tiene hambre, y esa hambre solo se pausa momentáneamente cuando se logra subestimar a alguien considerado inferior.
En suma, Corea del Sur es el país más colonizado psicológicamente del mundo. Es una colonización que se repliega sobre sí misma y se proyecta hacia afuera, hacia otras víctimas. Cuando el orgullo nacional se basa únicamente en lo material —riqueza y democracia institucional procedimental—, el vacío valórico domina el alma del pueblo. La colonialidad aquí es doble, no solo por la encrucijada entre exterior e interior, o entre metrópoli y periferia, sino también por su devastadora intensidad.
El pacto fáustico: Submarinos nucleares y la entrega del futuro
Esta actualidad de alienación ofrece, irónicamente, una tabla de salvación al imperialismo estadounidense en decadencia. El acuerdo tarifario anunciado en los últimos meses de 2025 destapó la realidad: el gran capital y el gobierno surcoreanos han aceptado convertir la península en la base industrial y militar de avanzada para la guerra híbrida de Washington contra China.
La soberanía se ha vendido a cambio de una modernización de la alianza militar. Con el permiso para construir submarinos nucleares, se ha reescrito el guión defensivo: las tropas estadounidenses en Corea ya no están allí solo para disuadir a Pyongyang, sino para contener a Pekín e involucrar a Seúl directamente en una eventual invasión china a Taiwán. Los submarinos nucleares no son defensa; son el pistoletazo de salida para una carrera armamentística regional.
En este escenario, el gobierno de Lee Jae-myung(esp: Lee Ye-mion) ha declarado su misión de convertir al país en una potencia mundial de la industria militar —suministrando armas y buques tanto al Pentágono como al sionismo israelí— y en un centro neurálgico de la Inteligencia Artificial. Corea producirá el hardware (semiconductores) y el software que alimentará la infraestructura digital de las Big Tech norteamericanas.
El precio de este servilismo es astronómico: una inversión pública de 200.000 millones de dólares y una inversión privada de 400.000 millones, todo inyectado en las venas de la economía estadounidense. Corea del Sur ha decidido atar su destino al de un imperio que se hunde. ¿Y por qué el pueblo no se rebela ante este saqueo? Porque está sedado por la fantasía de grandeza nacional que estas misiones prometen y por la estrategia gubernamental de incorporar a la aristocracia obrera de las grandes empresas exportadoras al festín, dejándolos comer las migajas del banquete imperial.
La aristocracia obrera, compuesta por los trabajadores profesionales de las grandes empresas y los trabajadores técnicos de las grandes fábricas, ha decidido desembocar en el paraíso de los capitales; el mercado de acciones. Cualquier intención de la revuelta contra el imperialismo cada vez más bélico se sofoca y se oculta ante la burbuja histórica de la IA. KOSPI, el índice del mercado de acciones surcoreano, alcanzó números récord gracias a los dos gigantes de chips para la IA: Samsung y SK Hynix. Los surcoreanos son la principal nacionalidad extranjera que invierte en el mercado de acciones estadounidense. Casi toda la clase media ha entregado sus ahorros en el mercado en busca de la fortuna. En esta lógica, el bombardeo de Caracas y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores significaba en Corea del Sur una oportunidad más para invertir en las empresas de armamentos. La guerra injustificable contra Irán ha causado una cantidad increíble resentimiento hacia Irán porque el mercado estadounidense experimenta una caída grande debido al bloqueo del estrecho de Ormuz.
La memoria de la sangre: Nuestro Túpac Amaru
No obstante, Corea sigue siendo tierra de contradicciones feroces. La doble colonialidad descrita anteriormente no solo produce sumisión; también engendra rabia y una búsqueda desesperada de alternativas al capitalismo. Pero es un pueblo que no puede amarse a sí mismo porque se ha divorciado de su propia historia.
Para renacer, la izquierda debe volver a sus hitos fundacionales. El primero y más sagrado es la Rebelión Campesina de Donghak (“Estudio Oriental”, nacido como contrapeso al “Estudio Occidental”) de 1894. Fue un levantamiento nítidamente antiimperialista, antiseñorial y anticapitalista.
Para el lector latinoamericano es vital entender quiénes aplastaron esta revuelta: no solo fue el Ejército Imperial Japonés, sino también la guardia nacional compuesta por los Bobusang (보부상), mercaderes ambulantes reaccionarios aliados con el poder señorial. Donghak es el hito originario de la rebeldía coreana. Es nuestro Túpac Amaru.
De esa misma tierra regada con sangre brotó después la resistencia armada contra la masacre en la isla de Jeju en 1948, los guerrilleros comunistas en la sierra de Jiri, y la heroica milicia ciudadana de Gwangju que enfrentó a la dictadura desarrollista en 1980.
Lamentablemente, este hilo rojo de reivindicación de una alternativa propia —aunque a veces amalgamada con visiones eurocéntricas— se cortó a finales de la década de 2000 con el colapso y ruptura de las facciones NL y PD. Ese quiebre aceleró la colonización psicológica del individuo, destruyendo el tejido social remanente de la sociedad agraria y sumiendo al surcoreano en una soledad abismal.
Epílogo: Что делать? (¿Qué hacer?)
La única salida de este laberinto es vencer las colonialidades. La lucha contra los grandes conglomerados (chaebols), que pasaron de ser capital nacional a capital global depredador, debe ir de la mano con la incorporación de los trabajadores migrantes, quienes hoy forman la base del proletariado subvalorado en suelo coreano.
La necesidad de construir esa salida aumenta con una velocidad sorprendente cada semana, cada día. El imperio decadente insolente dio su último paso con la guerra cobarde contra la República Islámica de Irán. El ejército estadounidense en Corea del Sur decidió unilateralmente el traslado del sistema de defensa contra los misiles balísticos THAAD al Medio Oriente por la destrucción y el desgaste de las instalaciones originales gracias a los drones iraníes. Los THAAD fueron instalados a pesar de la resistencia local de los campesinos que habitan la región Soseong-ri de Seongju y de la advertencia de China, con la justificación de que eran para la defensa contra los misiles norcoreanos. La consecuencia fue un desastre comercial y diplomático donde se quebró una cierta luna de miel entre Corea del Sur y China. Las relaciones sino-coreanas pasaron de la participación de la presidenta surcoreana en el desfile militar del día de victoria de China a la prohibición total de turismo y bienes culturales surcoreanos. Este quiebre dio lugar al crecimiento de la sinofobia en Corea del Sur, echando a la juventud hacia una subordinación total a Estados Unidos.
Además, los hechos de que las bases militares estadounidenses no han ofrecido una garantía de seguridad a los países del Golfo plantean una cierta desilusión de que los EEUU no entrabará la guerra en el caso del ataque eventual de Corea del Norte o China. El reciente llamado de Trump al envío de los buques surcoreanos al estrecho de Ormuz les da cuenta a los surcoreanos que la supuesta alianza no garantiza la seguridad de sus vidas. Sin embargo, el gobierno surcoreano no declara una respuesta definitiva contemplando las ganancias de las empresas surcoreanas de armamentos.
La escasez del petróleo causada por esta guerra comienza a perjudicar la capacidad de producción de los gigantes surcoreanos de chips debido a la falta de helio que se extrae de él. El sueño mojado y corto de los millones de accionistas pequeños muestra fallos decisivos.
Ya llegó el momento coyuntural. Si bien la izquierda surcoreana ha fracasado en ofrecer una visión alternativa al mundo y se debilita con cada paso de elecciones, ahora es el momento donde se puede frenar esta máquina ciega que tritura tanto a los nacionales como a los migrantes, los del Sudeste asiático, y a los niños de Gaza. No hay tiempo para teorizar y profundizar lo académico. Sin embargo, se exige un golpe de timón para salir de la orfandad ideológica y la inercia burocrática, configurando realmente lo que es Corea del Sur en su posición internacional-universal. La izquierda surcoreana debe abrirse los ojos a cómo ver el mundo desde Corea del Sur, no desde China, Estados Unidos, y Europa y debe ofrecer una visión de Corea del Sur en el futuro donde pueda salir del círculo de tanta colonización. Es el único poder económico y tecnológico que conoce el dolor de la colonia.
Solo abrazando esta visión, el pueblo surcoreano podrá por fin entenderse y fraternizar con los pueblos de América Latina, África y el Sudeste Asiático. Solo así será posible la reconciliación con los hermanos del Norte. En ese futuro posible, la formidable tecnología y el poder industrial de Corea no servirán para enriquecer a Wall Street, sino que serán la ofrenda de un pueblo liberado al resto de las naciones colonizadas; una fuente de herramientas para erradicar la pobreza y desmantelar, de una vez por todas, la hegemonía física del imperio estadounidense.
El congreso del Foro Socialista Internacional (Sovintern), que se realizará el 25, 26 y 27 de abril en Moscú, se piensa como una nueva forma de reconfiguración del mapa político de la izquierda global, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas, bloqueos, sanciones económicas y fragmentaciones de los espacios progresistas.
En ese marco se rendirán homenajes a Fidel Castro por el centenario de su nacimiento y habrá pronunciamientos de solidaridad con dirigentes como Cristina Fernández de Kirchner, Pedro Castillo y Nicolás Maduro.
Desde el momento mismo de su idea y concepción, el encuentro buscará posicionarse frente a los múltiples y graves conflictos sociales, políticos y bélicos que conmueven al globo y denunciará los bloqueos económicos a Cuba, Venezuela, Nicaragua e Irán.
Con la participación prevista de unos 300 delegados de los cinco continentes, el Sovintern se propone trascender el formato tradicional de los foros internacionales y avanzar hacia una articulación internacional más coordinada de todas las fuerzas progresistas.
El coordinador ejecutivo del Sovitern para América Latina y España, Lois Pérez Leira, indicó que el Foro Socialista Internacional pretende constituirse en “un instrumento válido” para enfrentar lo que definió como “el avance del imperialismo y el fascismo a nivel global”.
En esa línea, el evento no sólo tendrá una dimensión ideológica, sino también política: romper, al menos simbólicamente, el aislamiento que Occidente ha puesto en acción sobre Rusia desde el inicio del conflicto con Ucrania.
El diagnóstico que sobrevuela a la convocatoria no es nuevo y cuenta con una vieja tradición política, pero en esta oportunidad gana en necesidad de urgencias, pues la izquierda internacional aparece dispersa, con escasa capacidad de coordinación y, en muchos casos, a la defensiva.
En ese sentido, el Sovintern intenta recuperar la tradición de las internacionales políticas del siglo XX, pero adaptada a un escenario más fragmentado, donde conviven partidos comunistas, movimientos antiimperialistas y expresiones progresistas de diverso signo. El lema del encuentro, “Por un nuevo socialismo del siglo XXI”, retoma la impronta impulsada por el ex presidente bolivariano de Venezuela, Hugo Chávez, aunque en un contexto muy distinto al de la primera ola progresista latinoamericana de fines del siglo XX y principios del actual.
La referencia no es menor: implica reconocer la necesidad de actualizar un ideario que, tras el retroceso de varios gobiernos de la región y el avance de nuevas derechas, busca redefinirse.
Más allá de las definiciones, el desafío de fondo será otro: que el Sovintern sea algo más que una declaración de principios. La historia reciente de estos espacios muestra que la retórica suele superar a la capacidad de acción; y frente a esa realidad Moscú ofrece un escenario y un impulso político renovados.
¿Podrán las fuerzas convocadas construir una agenda común en un mundo que, como en otras épocas, vuelve a ordenarse en clave de bloques? Esa es la gran incógnita y el gran desafío.