Escándalo libertario en la Bonaerense: 24 policías en la mira judicial
Chats, documentos oficiales y vínculos con el Ministerio de Seguridad exponen una trama que va más allá de una simple infracción administrativa.
Una denuncia anónima destapó una de las tramas político-policiales más graves desde el regreso de la democracia. Lo que comenzó como una sospecha sobre una veintena de efectivos de la Policía Ecológica bonaerense terminó por confirmar la existencia de una red interna de apoyo partidario al candidato libertario Maximiliano Bondarenko. Con documentos oficiales, chats de WhatsApp, uso de recursos públicos y contactos con el Ministerio de Seguridad, el caso ya está en manos de la justicia y podría derivar en detenciones.
La causa, que recayó en la fiscalía platense de Juan Cruz Condomí Alcorta, surgió tras detectarse que 24 agentes, entre ellos dos comisarios, integraban un grupo de WhatsApp denominado “Grupo Rocket”, desde donde organizaban tareas proselitistas en favor de Bondarenko, mientras cumplían funciones activas en dependencias policiales. Uno de los mensajes clave del grupo rezaba: “Estoy yendo para la Casa Rosada”, lo que confirma una conexión directa con el poder central.
Maximiliano Bondarenko fue concejal de Florencio Varela y actualmente se desempeña como referente de La Libertad Avanza en la Tercera Sección Electoral bonaerense. Abiertamente alineado con Patricia Bullrich y Javier Milei, fue uno de los impulsores de la candidatura libertaria en el conurbano sur. Su historial político muestra un derrotero de saltos partidarios: en 2015 ingresó al Concejo Deliberante por el Frente Renovador, luego se acercó a Juntos por el Cambio y más recientemente fue adoptado como figura por el espacio libertario. Hoy, su nombre vuelve a estar en el centro del escándalo.

Entre las pruebas que obran en la investigación figuran documentos oficiales emitidos desde computadoras de la Policía Ecológica con membrete de La Libertad Avanza, dirigidos al intendente de Florencio Varela para obtener información estratégica sobre cámaras de seguridad y móviles policiales. En los hechos, los efectivos actuaban como asesores de campaña de Bondarenko, en horario laboral y con recursos del Estado.
Según el periodista Nicolás Lantos, el objetivo de este grupo no era solamente electoral. Se encontraron mensajes que hacían alusión a un plan de purga dentro de la estructura policial, con la intención de desplazar cuadros jerárquicos y posicionar a referentes afines. El proyecto político era ambicioso: desde colaborar en la campaña hasta soñar con el control del Ministerio de Seguridad bonaerense si La Libertad Avanza lograba hacer pie en la provincia.
Uno de los policías involucrados, el comisario Manuel Ortiz Valenzuela, tiene antecedentes preocupantes. Ya en 2005 había sido desafectado de la fuerza por el entonces ministro León Arslanián por presuntas irregularidades vinculadas a hechos de corrupción. Sin embargo, reapareció en funciones gracias a una designación judicial y hoy figura entre los principales sospechados de liderar la red operativa pro-Bondarenko.
Consultado por el caso, el gobernador Axel Kicillof fue claro: “La verdad que la cuestión esta es delicada, tiene que ver con una investigación que está llevando asuntos internos de la propia policía y que ya fue a sede judicial. Así que para mí lo que hay que decir simplemente es que hay normas, hay leyes y hay que respetarlas, nada más que eso”.
Para el ministro de Seguridad provincial, Javier Alonso, el caso va aún más allá: “Estaban organizando una purga policial. Esto ya lo vivimos en los 90, cuando policías retirados manejaban la fuerza y eso derivó en el crimen de José Luis Cabezas. Es peligroso y antidemocrático”.

Pese a la gravedad del asunto, el gobierno nacional se mantiene en silencio. Patricia Bullrich, lejos de repudiar la injerencia política en la fuerza, usó el escándalo como plataforma para relanzar la campaña de LLA en la provincia. “Kicillof odia a la policía”, dijo, victimizando al candidato investigado y transformando el episodio en una oportunidad de propaganda.
Mientras La Libertad Avanza denunciaba sin pruebas un supuesto fraude electoral, se descubrió que sus propios cuadros planificaban desde adentro del Estado una estrategia para condicionar al sistema democrático. La evidencia es contundente: lo que operaba en la comisaría no era solo un grupo de campaña, sino una red de poder con ambiciones institucionales.
El escándalo recién comienza. La pregunta ahora es hasta dónde llega el “Grupo Rocket” y cuántos más como él se están incubando bajo el paraguas libertario.













