Cambiamos: una por una, las reformas que Milei prepara para 2026

Las reformas que impulsa el Gobierno anticipan un cambio profundo en el mundo del trabajo, los impuestos y el modelo productivo. Un escenario que, de avanzar sin frenos, impactará de lleno en el empleo, los derechos laborales y la vida cotidiana.

El Gobierno Nacional de Javier Milei avanza con un conjunto de proyectos que anticipan un cambio estructural del modelo económico y social. Bajo el discurso de la “modernización”, el oficialismo impulsa reformas que reconfigurarían el sistema laboral, impositivo y productivo, con efectos que empezarían a sentirse con fuerza a partir de 2026, una vez que el paquete esté plenamente aprobado y reglamentado.

Lo que podría cambiar si el plan avanza

  • Menos impuestos para los sectores más ricos: las iniciativas oficiales buscarían reducir de manera significativa los tributos a grandes patrimonios, actividades financieras, alquileres y bienes de lujo, sin establecer mecanismos claros que obliguen a reinvertir esos recursos en la economía real.
  • Despidos con costo mínimo: la reforma laboral plantea reemplazar la indemnización tradicional por un Fondo de Cese, lo que abarataría el despido y habilitaría una dinámica de expulsión de trabajadores en contextos de recesión.
  • Más trabajo en negro: la eliminación de sanciones por empleo no registrado incentivaría la informalidad, al quitar castigos efectivos a quienes contraten trabajadores fuera del sistema.
  • Menos derecho a huelga: los cambios impulsados por el Ejecutivo ampliarían las actividades con restricciones para parar, alcanzando a casi la mitad de los trabajadores.
  • Un negocio financiero millonario: el esquema del Fondo de Cese trasladaría el 3% de la masa salarial a la administración de los bancos, debilitando el financiamiento de jubilaciones y obras sociales.
  • Ajuste social sostenido: el rumbo fiscal anticipa recortes en universidades, políticas de discapacidad y programas públicos esenciales.
  • Presión política sobre las provincias: el uso discrecional de fondos nacionales funcionaría como herramienta de negociación para garantizar apoyos legislativos.

En términos productivos, el modelo que impulsa el Gobierno podría consolidar un crecimiento sin empleo. La expansión quedaría concentrada en sectores extractivos como la minería, los hidrocarburos y el sistema financiero, actividades que generan poco trabajo y escaso derrame, mientras la industria, el comercio, la construcción y la ciencia quedarían relegados, especialmente en las grandes ciudades.

Si este rumbo se consolida, el escenario hacia 2026 anticipa un país con menos derechos laborales, mayor precarización y un crecimiento que no se traduce en bienestar social. Una advertencia que empieza a discutirse ahora, cuando el paquete todavía está en debate, pero cuyos efectos podrían volverse irreversibles una vez que el modelo termine de implementarse.

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La reforma laboral de Milei también apunta contra los derechos de las empleadas domésticas

El Gobierno nacional impulsa cambios en el régimen indemnizatorio del personal de casas particulares, con exclusiones del Fondo de Asistencia Laboral, topes al cobro y nuevas facilidades para el despido.

El Gobierno de Javier Milei avanza con la reforma laboral y pone en la mira a las empleadas domésticas y a los trabajadores de casas particulares, que verán modificado su régimen indemnizatorio. De aprobarse la llamada Ley de Modernización Laboral (ML), este sector queda excluido del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un mecanismo creado para reemplazar el sistema tradicional de indemnizaciones.

En ese marco, a diferencia de la mayoría de los empleadores del sector privado, los empleadores de casas particulares no estarán obligados a aportar el 3% mensual del salario para cubrir futuras indemnizaciones. Esta exclusión deja a las trabajadoras domésticas fuera del esquema general que propone la reforma y consolida un trato desigual y regresivo en materia de derechos laborales.

Más adelante, la iniciativa también introduce cambios en la actualización de los créditos laborales. El artículo 70 de la Ley 26.844 es sustituido para establecer que las indemnizaciones y demás créditos reclamados se ajusten según el Índice de Precios al Consumidor (IPC) más una tasa de interés anual del 3%, en línea con lo previsto por la Ley de Contrato de Trabajo. En paralelo, los artículos 277 y 278 habilitan que, en caso de juicio laboral, un juez pueda autorizar el pago de la indemnización en hasta doce cuotas consecutivas, diluyendo el impacto del resarcimiento para la trabajadora.

Con el mismo ímpetu, la reforma avanza sobre el propio concepto de indemnización. El Fondo de Asistencia Laboral, presentado como una modernización, rompe con el sistema vigente y traslada el costo del despido al trabajador, ya que se financia con un aporte obligatorio del 3% del salario. Además, el proyecto establece un período de carencia de seis meses, durante el cual el empleador puede despedir sin pagar indemnización alguna. Aunque el régimen de casas particulares queda formalmente excluido del FAL, los cambios impulsados por el Gobierno recortan derechos, debilitan la protección laboral y refuerzan la precarización, una vez más, por más que a Milei y su gobierno les moleste.

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El Gobierno avanza contra las políticas de Memoria, Verdad y Justicia

Un informe de organismos de derechos humanos advierte que la gestión de Javier Milei impulsa un ataque sistemático al consenso democrático construido desde 1983, a través de recortes, despidos y una ofensiva revisionista contra el legado del Nunca Más.

El Gobierno de Javier Milei despliega una ofensiva inédita contra las políticas de Memoria, Verdad y Justicia y pone bajo asedio el consenso democrático que se consolida tras el fin de la última dictadura cívico-militar. Así lo señala un informe elaborado por Abuelas de Plaza de Mayo, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), H.I.J.O.S Capital y Memoria Abierta, que advierte sobre el carácter sistemático de las medidas impulsadas por la administración de La Libertad Avanza.

En el mismo sentido, el documento sostiene que el Ejecutivo avanza con una estrategia sostenida que combina recortes presupuestarios, desmantelamiento de políticas públicas y una disputa discursiva de carácter revisionista. Los organismos alertan que la apelación oficial a una supuesta “memoria completa” funciona como un intento de relativizar el terrorismo de Estado y de cuestionar el proceso de Memoria, Verdad y Justicia construido durante más de cuatro décadas.

Más adelante, el informe detalla un profundo vaciamiento institucional. La Secretaría de Derechos Humanos es degradada a subsecretaría, se reduce su planta en un 40 por ciento y se despide a abogados que actúan como querellantes en los juicios por delitos de lesa humanidad. A su vez, se desmantelan programas clave, se retira el acompañamiento a testigos y se interrumpe la asistencia al Poder Judicial, lo que profundiza las demoras en las causas en trámite.

Con el mismo ímpetu, los organismos denuncian la eliminación de equipos estatales encargados de investigar el accionar represivo, la degradación del Archivo Nacional de la Memoria y la pérdida de facultades para acceder a archivos militares. Los sitios de memoria también son alcanzados por el ajuste, con despidos, reducción de horarios y cierre de espacios culturales, incluso en lugares reconocidos como patrimonio de la humanidad.

Finalmente, el informe alerta sobre el impacto directo de estas decisiones en la búsqueda de niñas y niños apropiados durante la dictadura. La eliminación de unidades de investigación, la reducción de personal en la Conadi y el debilitamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos favorecen un escenario de mayor impunidad. Frente a este panorama, los organismos remarcan que las políticas de memoria siguen en pie gracias al respaldo social y advierten que, de cara a los 50 años del golpe de Estado, la disputa por el sentido del pasado vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública, por más que a Milei y su gobierno les moleste.

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El Banco Central descartó levantar el cepo y expuso los límites del plan económico de Milei

Bausili negó una flexibilización cambiaria mientras el Gobierno insiste en que el dólar no presiona sobre los precios.

El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, confirmó que el Gobierno no tiene previsto avanzar en el levantamiento del cepo cambiario y descartó cualquier flexibilización que implicara su desarme total. Más adelante, el funcionario sostuvo que el esquema de actualización mensual de las bandas del dólar, combinado con compras de reservas, no había provocado un rebrote inflacionario, aun cuando el frente externo siguió mostrando señales de fragilidad.

En el mismo tono de autosuficiencia que caracterizó al equipo económico, Bausili aseguró que los movimientos en el tipo de cambio “no generaron una aceleración de la inflación”. Sin embargo, con el mismo ímpetu, evitó explicar cómo se sostuvo esa afirmación en un contexto de escasez de dólares, atraso cambiario y una economía que continuó atada a controles que el propio oficialismo había prometido eliminar.

El presidente del Banco Central de la República Argentina, Santiago Bausili (MARTIN ZABALA – XinHua)

Más adelante, la ratificación de que el cepo continuó vigente volvió a dejar en evidencia las contradicciones del discurso libertario. Por más que a Milei y su junta les molestó, el control cambiario se consolidó como una herramienta permanente ante la imposibilidad de acumular reservas genuinas sin recurrir a parches regulatorios y restricciones que desmintieron la retórica de la libertad económica.

En paralelo, el Gobierno formalizó cambios en la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) tras la renuncia de su director, y designó a Andrés Vázquez como nuevo titular del organismo. Finalmente, la definición del Banco Central dejó un dato central: lejos de la promesa de libertad cambiaria, el cepo siguió siendo el ancla de un programa económico que no logró resolver sus propias inconsistencias ni ofrecer un horizonte claro.

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La canasta básica volvió a superar a la inflación y profundiza el deterioro social

Con aumentos por encima del IPC, más familias quedaron al borde de la pobreza en plena recesión.

El INDEC confirmó este jueves que tanto la Canasta Básica Alimentaria (CBA) como la Canasta Básica Total (CBT) aumentaron en noviembre por encima de la inflación, profundizando el deterioro social en plena recesión. Más adelante, el organismo informó que una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.257.329 para no ser pobre y $566.364 para no caer en la indigencia, cifras que vuelven a poner en el centro del debate el impacto del ajuste económico sobre los sectores más vulnerables.

En el mismo tono, la CBA subió 4,1% y la CBT avanzó 3,6% en noviembre, muy por encima del IPC del mes, que fue de apenas 2,5%. Con el mismo ímpetu, las canastas acumularon en el año incrementos del 26,1% y 22,7% respectivamente, mientras que en términos interanuales aumentaron 28,9% y 25,5%. En ambos casos, los alimentos —que representan el gasto más sensible— continúan creciendo por encima del promedio general.

Más adelante, la comparación con octubre exhibe otro dato preocupante: en ese mes, una familia necesitaba $1.213.798 para no ser pobre y $544.304 para no ser indigente. Es decir, la suba mensual de las canastas volvió a ser mayor que los ajustes salariales y dejó a miles de hogares un escalón más cerca de la pobreza estructural. En paralelo, el Gobierno mantiene sin actualizar la estructura de gastos con la que se calculan las canastas, basada en datos de 2004/05, pese a contar con una encuesta más reciente realizada en 2017/2018.

En el mismo sentido, la Ciudad de Buenos Aires reveló que su inflación de noviembre fue del 2,4%, con subas más fuertes en servicios por contar con una estructura de gastos actualizada. Si se toma ese esquema, el panorama es aún más crítico: en septiembre, una familia porteña necesitó $1.255.933, sin contar alquiler, para no ser pobre; y casi $2 millones para cubrir el nivel de “clase media”, también sin vivienda incluida. La diferencia entre los ingresos reales y el costo de vida crece cada mes.

Finalmente, por más que a Milei y su junta les moleste admitirlo, la brecha entre salarios y necesidades básicas sigue ensanchándose mientras el Gobierno festeja desaceleraciones del IPC que no se traducen en alivio real para la población. Con canastas que suben más que la inflación y un ajuste que recae sobre los trabajadores, la supuesta estabilidad macroeconómica convive con una fragilidad social cada vez más evidente.

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Los detalles de la reforma laboral de Milei: profundiza la precarización y retrocede un siglo en derechos básicos

El proyecto oficial debilita sindicatos, extiende jornadas, abarata despidos y deja a miles de trabajadores sin protección. Todos los detalles.

En un clima social cada vez más tenso, el Gobierno finalmente presentó en el Senado su esperada reforma laboral, una iniciativa que estira los tiempos de negociación para definir hasta dónde avanzar en su ofensiva contra trabajadores y sindicatos. Más adelante, el texto ingresado retoma lo peor de todas las versiones previas y lo condensa en 191 artículos que, bajo el disfraz de una “modernización”, pulverizan límites históricos como la jornada de ocho horas y restringen incluso el derecho a huelga.

En el mismo tono, la reforma libertaria que Javier Milei rubricó incorpora beneficios explícitos para grandes empresas y plataformas digitales, incluida la posibilidad de pagar salarios en pesos, dólares o incluso en especie. Con el mismo ímpetu, habilita cambios unilaterales por parte del empleador, reduce el cálculo de indemnizaciones y permite que las pymes paguen en cuotas, todo en un contexto de destrucción de empleo formal y cierre masivo de empresas. Los laboralistas coinciden: se trata de una transferencia regresiva del trabajo hacia el capital.

Más adelante, el proyecto también altera derechos clave como el descanso anual, habilitando que las vacaciones se fragmenten y se muevan fuera de temporada según “acuerdos” que, en la práctica, dependerán de la voluntad patronal. El retroceso es tan profundo que especialistas advierten que nos devuelve a un escenario anterior a la propia Ley 11.544, conquistada tras las huelgas y masacres de comienzos del siglo XX. En vez de reducir jornadas para crear empleo —como discuten hoy los países desarrollados— el Gobierno propone jornadas de hasta 12 horas.

En el mismo sentido, la reforma golpea de lleno a monotributistas y trabajadores “independientes” al invertir la presunción de laboralidad. Desde ahora, toda prestación con factura se considerará una simple locación de servicios, lo que deja a miles sin posibilidad de reclamar vínculos encubiertos. Las plataformas, lejos de ser incorporadas a la Ley de Contrato de Trabajo, quedan en un limbo jurídico ideal para las empresas, pero fatal para quienes ya trabajan en condiciones precarias.

Finalmente, el proyecto ataca la organización colectiva: amplía la definición de “servicios esenciales” para limitar la huelga, debilita la negociación por actividad, restringe la afiliación sindical y reduce la cuota solidaria. Lejos de ser una modernización, la reforma que impulsa Milei atrasa más de un siglo y reinstala un modelo en el que la relación laboral queda librada a la voluntad del más fuerte. Para los especialistas, por más que a Milei y su junta les moleste admitirlo, se trata de una iniciativa antiderechos, antisindical y antiestatal que empuja a la Argentina hacia un pasado sin resguardo alguno.

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Paro nacional de ATE: el Gobierno responde con castigo y avanza con una reforma laboral regresiva

El Ejecutivo vuelve a optar por la confrontación y el ajuste mientras profundiza una reforma que recorta derechos.

Este martes 9 de diciembre, la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) llevó adelante un paro nacional y una movilización en el Congreso, en rechazo a la reforma laboral que el Gobierno de Javier Milei pretende imponer con aval de los gobernadores. Más adelante, la administración confirmó que descontará el día a quienes adhieran, una señal clara de que la estrategia oficial continúa siendo disciplinar a los trabajadores en medio de un clima social cada vez más tenso.

En el mismo tono, el oficialismo se mostró confiado en aprobar la reforma que incluye cambios profundos en indemnizaciones, horas laborales y mecanismos de contratación. A pesar de que el Ejecutivo repite que busca “modernizar” el mercado laboral, lo cierto es que el propio secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, advirtió que se trata del “mayor ataque en democracia a los derechos laborales”, y responsabilizó a los gobernadores por acompañar un proyecto regresivo que consolida la precarización.

Con el mismo ímpetu, la medida de fuerza también reclama la reapertura de paritarias, una recomposición salarial de emergencia y el freno al recorte del 10% de los trabajadores del Estado. Las áreas afectadas incluyen desde la CONEAU, ANSES y CONADIS, hasta organismos técnicos estratégicos como el INTA, el INTI y los entes de control energético. Para los gremios, el ajuste fiscal del Gobierno está vaciando instituciones fundamentales y debilitando la capacidad del Estado.

Más adelante, la conducción de ATE remarcó que el paro se desarrolla en todo el país, con epicentro en el Congreso desde las 11 de la mañana. Mientras tanto, el Gobierno insiste en que los descuentos son una forma de “ordenar” la administración pública, aunque en los hechos la medida funciona como un castigo directo que busca desalentar la protesta en vísperas del debate parlamentario de la reforma.

En un contexto económico y político marcado por la recesión, los tarifazos y la pérdida del poder adquisitivo, el enfrentamiento entre el Gobierno y los trabajadores vuelve a escalar. El Ejecutivo, lejos de abrir canales de diálogo, elige profundizar la tensión social y avanzar con una reforma laboral que, por más que a Milei y su junta les moleste admitirlo, recorta derechos, precariza empleos y castiga a quienes sostienen el funcionamiento del Estado.

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Caputo anunció una nueva baja de retenciones al agro en medio de una economía que no logra estabilizarse

El Gobierno profundiza beneficios al agro mientras la macroeconomía continúa en extrema fragilidad.

El ministro de Economía, Luis Caputo, volvió a ceder ante la presión del sector agropecuario y confirmó una nueva reducción de retenciones, presentada como un “alivio fiscal permanente”. El anuncio, hecho en X, llega mientras la economía real sigue sin señales de recuperación y con un Gobierno que insiste en presentar rebajas impositivas selectivas como un “camino claro”, pese al estancamiento productivo que atraviesa el país.

Más adelante, Caputo reiteró que la eliminación total de los derechos de exportación es una “prioridad” del presidente Javier Milei, aunque condicionada a unas “condiciones macroeconómicas” que nunca terminan de llegar. El discurso oficial promete alivio mientras la inflación persiste, el consumo se derrumba y la recaudación fiscal cae, lo que vuelve difícil sostener la idea de un sendero económico coherente.

Con el mismo ímpetu, el ministro aseguró que la baja busca “mejorar la competitividad” de un sector que ya concentra cerca del 60% de las exportaciones nacionales. Las entidades agroexportadoras venían exigiendo un recorte, especialmente sobre la soja. Sin embargo, las nuevas rebajas vuelven a exponer un patrón: un Gobierno que ajusta a casi todos los sectores pero concede beneficios fiscales al agro sin ofrecer una estrategia integral de desarrollo ni resolver los problemas estructurales que frenan la inversión.

En el mismo tono, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, celebró el anuncio bajo el mantra del “equilibrio fiscal”, aunque la medida aún debe formalizarse en el Boletín Oficial. Mientras tanto, la agroindustria reclama que sigue fuera del RIGI y que el país acumula quince años de estancamiento productivo en soja, con infraestructura deteriorada y dificultades financieras que el Gobierno no aborda. La baja de retenciones puede entusiasmar a algunos, pero difícilmente resuelva un modelo económico que no ofrece horizonte ni crecimiento sostenido.

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Sorpresa: Scott Bessent canceló su visita tras el desplante de Milei al sorteo del Mundial

El secretario del Tesoro de EE.UU. suspendió el viaje que tenía previsto a la Argentina luego de que Javier Milei bajara su participación del sorteo del Mundial 2026.

El secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Scott Bessent, canceló la visita que tenía prevista para la próxima semana, luego de que Javier Milei suspendiera su participación en el sorteo del Mundial 2026 en Washington. Según informó Noticias Argentinas, la decisión generó malestar en la administración de Donald Trump, donde esperaban que el Presidente argentino asistiera al evento.

Fuentes cercanas al mandatario estadounidense señalaron que Trump había reservado un lugar destacado para Milei en el sorteo del próximo viernes 5 en el Kennedy Center. La baja llamó la atención en la Casa Blanca, especialmente porque Argentina es la campeona del mundo vigente y la presencia del jefe de Estado estaba prácticamente confirmada.

La tensión interna entre el Gobierno y el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, también jugó su papel. Tapia sí viajará a Washington, mientras Milei decidió bajarse en medio de su enfrentamiento con la dirigencia del fútbol local. En ámbitos diplomáticos, la decisión fue leída como un gesto de improvisación y falta de previsibilidad.

La suspensión de Bessent tuvo un impacto adicional: el funcionario había sido clave en la negociación del swap con el Banco Central y en la posterior compra de pesos antes y después de las elecciones legislativas. Su visita estaba pensada como un nuevo gesto de respaldo económico hacia la Argentina, algo que ahora quedó en pausa.

Bessent había anunciado en octubre que visitaría Buenos Aires antes de fin de año, tras la victoria de La Libertad Avanza. La marcha atrás expuso que la baja de Milei del sorteo tuvo consecuencias inmediatas en la relación bilateral, en un contexto donde la política exterior del Gobierno ya venía acumulando señales de desgaste.

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El Gobierno avanzó con la reforma del Código Penal y busca endurecer penas en plena crisis social

Mientras la inseguridad aumentaba y los recursos del Estado para prevención seguían desfinanciados, el gobierno de Javier Milei confirmó el envío de una reforma del Código Penal centrada en el endurecimiento de penas y en una doctrina que prioriza el castigo por encima de las garantías constitucionales.

En primer lugar, el Gobierno confirmó que enviará al Congreso su proyecto de reforma integral del Código Penal, una iniciativa incluida en las reformas de “segundo orden” de Javier Milei. Desde Casa Rosada insistieron en que el objetivo era “poner orden donde antes reinaba la barbarie”, aun cuando la propia gestión mantenía áreas sensibles —como salud, educación y vivienda— bajo un ajuste constante que generaba más conflictividad social.

En ese sentido, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, defendió la propuesta y reivindicó “el enorme aporte” de la ministra de Seguridad saliente, Patricia Bullrich. Según él, la funcionaria había revertido un país “sumido en un baño de sangre”, con “piqueteros dueños de la calle” y “zonas liberadas”. El discurso oficial intentó instalar una narrativa de caos previo, aun cuando los propios datos del Gobierno habían mostrado que la violencia no disminuyó y que las fuerzas de seguridad ampliaron su margen de acción durante la gestión.

En el mismo tono, Bullrich afirmó que la reforma apuntaba a “dar vuelta la realidad de quiénes eran favorecidos por el sistema” y sostuvo que la nueva doctrina endurecería penas para delincuentes, violadores y asesinos. Sin embargo, la funcionaria evitó mencionar que el Ejecutivo recortó programas de prevención del delito, fortalecimiento comunitario y asistencia a víctimas, dejando expuestos los límites de un modelo que buscaba más castigo, pero menos inversión en políticas públicas.

Con el mismo ímpetu, el Gobierno adelantó que el proyecto incluía un esquema de agravamiento de penas y un capítulo específico para proteger a docentes, niñas, niños, adolescentes y personas mayores. Aunque el oficialismo lo presentó como un avance, especialistas advirtieron que sin recursos, capacitación judicial ni políticas de acompañamiento, el endurecimiento punitivo podía transformarse en una respuesta simbólica más que en una solución real.

Finalmente, el paquete también incorporó medidas para acelerar procesos judiciales y garantizar mayor ejecutabilidad de condenas. El Ejecutivo aseguró que la reforma permitiría “recuperar el orden, modernizar la Justicia y fortalecer la seguridad ciudadana”. No obstante, en un país donde el propio gobierno profundizaba la desigualdad y la violencia institucional, la apuesta por un Código Penal más duro parecía reforzar un patrón: menos Estado para derechos, más Estado para castigar.

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